Entrevistamos a Young Sun
El artista comparte su visión sobre el underground, sus experiencias entre Corea, Estados Unidos y Europa y su forma de entender la pista.
Con el DJing como punto de partida, Young Sun ha ido ampliando su actividad hacia la curaduría y la creación de conexiones entre la escena de Seúl y otras ciudades. Su recorrido, que comenzó entre vinilos y pasó por diferentes espacios del underground coreano, le ha llevado a desarrollar una mirada propia sobre la pista, la comunidad y la forma en que una escena puede crecer desde dentro.
Empecemos por lo básico: ¿quién es Young Sun a día de hoy y qué representa?
Hoy veo a Young Sun como DJ y también como curator. El DJing sigue siendo el centro de todo lo que hago, pero también me interesa reunir a personas y conectar Seúl con comunidades de otras ciudades.
Empecé como DJ exclusivamente de vinilo, y esa etapa sigue influyendo en mi forma de escuchar música y de estructurar un set. Durante los últimos dos años también me he abierto a los lanzamientos digitales, la música inédita y mis propios edits. En algún momento me gustaría llevar algunos de esos edits a dubplates, cuando mi presupuesto me lo permita. Pero para mí la música está por encima del formato.
Me atraen los tracks que resultan divertidos, pero que al mismo tiempo tienen tensión y profundidad. No quiero que un género o un formato concreto me defina: la música tiene que tener carácter, movimiento y una razón para sonar en ese momento.
La escena en Corea del Sur, especialmente en Seúl, ha crecido mucho, con cada vez más artistas europeos en los carteles y residentes que siempre dejan una buena impresión en el público. ¿Cómo ves la escena actualmente?
Seúl está más conectada que nunca con el circuito internacional, aunque gran parte de ese intercambio sigue produciéndose a través de pequeñas comunidades muy comprometidas. Clubs, promotores y DJs locales están creando relaciones duraderas con artistas de otras ciudades, en lugar de limitarse a traer a un headliner para una sola noche.
Una escena saludable no puede depender únicamente de artistas internacionales. Los residentes conocen sus salas, desarrollan al público y aportan identidad a cada club semana tras semana. Seúl cuenta con muchos selectores y productores con una personalidad propia que merecen tener espacio y confianza para desarrollarse a su manera. Sigue siendo un ecosistema pequeño y frágil, pero esa cercanía también hace que la gente comparta ideas, genere conexiones y construya proyectos de forma conjunta.
También percibo una comunidad artística muy fuerte. ¿Cómo colaboráis entre vosotros?
Gran parte de la colaboración en Seúl surge de manera natural. Puede empezar compartiendo música, poniendo en contacto a un artista con un promotor, invitando a alguien a pinchar o simplemente apoyando las noches de los demás. Como la escena es relativamente pequeña, esas relaciones pueden tener un impacto real.
Comencé mi carrera como DJ con Antidote, y aquella etapa me enseñó mucho sobre cómo construir una fiesta de forma colectiva. Actualmente soy residente en Teller, donde compartir cabina con otros residentes y artistas invitados sigue permitiéndome conocer diferentes perspectivas.
Young Invites es mi propia aportación a ese intercambio. Quiero presentar a artistas que quizá todavía no sean muy conocidos, pero cuya música merece tener un espacio y un público, al mismo tiempo que creo conexiones duraderas entre Seúl y otras comunidades.
Viviste en Detroit y Chicago. ¿Cómo influyó esa experiencia en tu forma de entender el DJing?En realidad crecí en Indiana, en el Medio Oeste estadounidense, y no viví ni en Chicago ni en Detroit. Sí viajaba a menudo a Chicago y desarrollé una conexión personal muy profunda con la ciudad, mientras que mi experiencia directa con Detroit llegó más tarde, a través del Movement Festival.
No diría que las tradiciones musicales de esas ciudades definan directamente lo que pincho hoy. Mi identidad como DJ empezó a tomar forma después de regresar a Corea y descubrir diferentes facetas de la electrónica underground a través de espacios como Output, en Busan, y Modeci y Vurt, en Seúl.
Crecer en el Medio Oeste me dio una determinada perspectiva cultural, mientras que el underground coreano me ayudó a encontrar mi dirección musical. Esa combinación hizo que me sintiera cómodo moviéndome entre diferentes lugares sin sentir que mi sonido tiene que pertenecer por completo a una sola ciudad.
¿Cuál es la mayor lección que te ha enseñado tu residencia en Teller?
La mayor lección ha sido la paciencia. Pinchar regularmente en la misma sala te enseña que no todos los momentos tienen que ser dramáticos y que no todos los sets tienen que ser una autobiografía. A veces, la decisión correcta es contenerse, dejar que un groove se desarrolle y darle tiempo a la pista para responder.
Pasar noches enteras allí, desde el warm-up hasta el último track, también me ha enseñado muchísimo. Observar a otros residentes y a los DJs invitados me ha permitido entender qué conecta con la sala y cómo cambia dependiendo del momento de la noche, del público y del papel que desempeña cada DJ dentro del cartel.
Cada noche tiene una energía diferente. He aprendido a responder a lo que necesita la sala en lugar de forzar el set que había imaginado previamente.
Si saliéramos de fiesta contigo por Seúl, ¿a dónde nos llevarías?
Entre semana, os llevaría por Itaewon y recorreríamos algunos de los hi-fi bars más tranquilos, como DoDo Bar, Hills y Europa, o iríamos a Kockiri si nos apeteciera bailar.
Durante el fin de semana empezaríamos con una barbacoa coreana y pasaríamos por Tool Records o Ro para tomar unas copas mientras decidimos dónde ir después. Dependiendo del cartel, podríamos pasar la noche en Teller o Nyapi. Y si todavía quisiéramos continuar por la mañana, podríamos ir a Ring o Hertz.
Para terminar, nos tomaríamos un buen bol de sopa coreana para la resaca. Es la última etapa tradicional de una noche en Seúl: nadie recuerda exactamente en qué momento decidió ir, pero de alguna manera todo el mundo acaba allí.
Recientemente empezaste a trabajar con Forward Artist. ¿Cuáles dirías que son las ventajas de trabajar con una agencia joven y motivada?
Lo más importante es la confianza que tengo con Andrea, fundador y mi agente en Forward. Tenemos una relación muy cercana y nos comunicamos de forma muy abierta, así que entiende tanto mi dirección musical como la carrera que quiero construir.
La relación es directa y personal. No hay una larga cadena de comunicación, por lo que podemos hablar con sinceridad y tomar decisiones rápidamente. También podemos conversar abiertamente sobre qué ciudades, salas y comunidades tienen sentido para mí a largo plazo. Esa confianza me permite centrarme en la música sabiendo que la persona que me representa entiende quién soy.
¿Qué diferencias notas entre los públicos de Corea y Europa?
Las diferencias entre unos clubs y otros suelen ser mayores que las que existen entre Corea y Europa, pero sí percibo algunos patrones. La escena de Seúl es relativamente pequeña, así que a menudo te encuentras con las mismas personas en la pista y construyes una relación con ellas con el tiempo. Al principio, el público puede ser bastante observador: quizá no te haga saber inmediatamente si confía en ti, pero cuando esa conexión aparece, se vuelve muy fuerte.
En Europa, la respuesta puede sentirse más inmediata y físicamente expresiva. Las noches más largas y la cultura de los afters en algunas ciudades también permiten que un set tenga más tiempo para desarrollarse. Me encanta compartir música con gente que no me conoce; existe una libertad diferente cuando reaccionan únicamente a lo que está sucediendo en ese momento.
La relación puede comenzar de maneras distintas, pero cuando una sala encuentra su ritmo compartido, la nacionalidad pasa a ser mucho menos importante.
Vas a pinchar en Les Enfants junto a Javi Carballo. Dinos un track que no puede faltar esa noche.
“Rubicon”, de Lucien Foort. Encontré el disco en Bolonia este verano y tiene ese tipo de desarrollo emocional y tensión que siempre me atraen. Es un track descaradamente contundente, así que lleva una etiqueta imaginaria de “manéjese con cuidado” en mi bolsa de discos. Pero si la sala está preparada, puede convertirse en un momento muy potente.
Para terminar, cuéntanos la historia más surrealista que hayas vivido durante una gira.
Este abril, durante la semana de mi cumpleaños, pinché en Signal, en Nueva York. Era mi primer viaje de vuelta a Estados Unidos y también mi primera actuación allí desde que me convertí en DJ, así que ya tenía algo de reencuentro con mis raíces.
Mi mejor amigo del instituto, mi mejor amigo de la universidad y Andrea, que ahora es una de las personas más cercanas a mí, viajaron hasta Brooklyn para verme. Viven en ciudades diferentes y pertenecen a etapas distintas de mi vida, así que muchos apenas se conocían o incluso no se habían visto nunca. Verlos a todos juntos durante un brunch fue inesperadamente emocionante.
Cuando era más joven, imaginaba lo increíble que sería reunir en una misma habitación a las personas que quería de las diferentes etapas de mi vida. Con el tiempo entendí que probablemente algo así solo ocurriría en una ocasión como mi boda. De alguna manera, la música consiguió hacerlo posible. Ver cómo mi pasado y mi presente conectaban me recordó hasta qué punto la música puede unir a las personas a través de un sentimiento compartido. Y, además, salió considerablemente más barato que una boda.
