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Entrevistamos a Robert Leiner aka The Source Experience

“Mucha de la música que hago no tiene intención de ser publicada; es más bien una meditación, horas manipulando sonidos donde el tiempo parece detenerse. Es una necesidad.”

  • Fede Cortina
  • 17 March 2026
Entrevistamos a Robert Leiner aka The Source Experience

Que la música deje de sonar a ‘música’ y se transforme en un estado mental no es algo que pase todos los días, ni con cualquier artista. Últimamente me he sentido atraído por ese tipo de música electrónica que altera la percepción: tracks que, escuchados con un buen soundsystem o incluso caminando solo con auriculares, hacen que entres en otra dimensión.

En esa búsqueda apareció Robert Leiner, bajo su proyecto The Source Experience. Conocía su nombre por algunos discos escuchados —casi por accidente— mientras diggeaba, y por su papel como figura clave del techno de los 90 a través de sellos como R&S Records. Pero no había entendido del todo su dimensión artística.

Todo cambió al escuchar su live en Ombra Festival. Lo que ocurrió allí fue difícil de clasificar, Robert construyó una narrativa sonora hecha de capas, texturas y transiciones casi invisibles. Techno, trance y ambient se entrelazaban hasta perder sus límites; más que un set, fue una experiencia perceptiva. Ese momento marcó un antes y un después en mi forma de entender la música electrónica, y lo cierto es que me gusta pensar la vida a través de esos puntos de inflexión.

Robert Leiner nació en Suecia en 1966 y fue una de las figuras más singulares de la electrónica de mediados de los 90. Su música no solo definió un sonido, sino también una forma de escucha: introspectiva, expansiva y profundamente emocional.

Esta conversación no busca respuestas rápidas ni definiciones cerradas. Es una invitación a hablar de psicodelia, percepción, emoción y música electrónica como experiencia colectiva.

Bienvenido, Robert. Es un verdadero placer hablar contigo, ¿cómo te sientes en este momento de tu vida?

Últimamente he estado lidiando con una enfermedad y el año pasado me diagnosticaron la enfermedad de Graves. Ahora está mejor, pero la recuperación va un poco lenta con la medicación. Pasé un par de años bastante estresantes cuidando de mi madre e intentando conseguirle una residencia, y finalmente lo logré justo cuando recibí mi diagnóstico. Ahora las cosas están mejor y poco a poco estoy volviendo a la música.

Tu closing set en Ombra fue una de esas actuaciones de las que la gente habló durante semanas. ¿Eras consciente, mientras tocabas, de la intensidad que se vivía en la sala?

Claro que podía sentir la energía, sobre todo después de pasar un par de días en el festival escuchando a otros artistas. Cuando toco estoy súper concentrado en lo que hago en el escenario, pero sin duda sentía la energía del lugar y eso te da un impulso extra sobre cómo actuar y qué sonidos enfatizar. Siempre me tomo un tiempo antes de tocar para aislarme un poco y poner el foco en el lugar correcto.
Hice 30 minutos extra y seguramente podría haber hecho otros 30 más si hubiese estado más preparado. El tiempo pasa volando cuando la energía es buena y me gusta dar espacio a la música para que construya cuando hay una pista fuerte.

¿Crees que este tipo de experiencias solo pueden suceder en contextos muy específicos o también pueden recrearse en otros espacios?

Siempre es una combinación de muchos factores: el lugar, el sonido, las luces, los visuales, el equipo humano y un espacio donde la gente se sienta segura y sin juicio. Esos lugares son los mejores, pero rara vez existen en la escena más comercial, donde el dinero manda. Aun así, hay eventos que lo consiguen como Monument Festival en Noruega y, por supuesto, Ombra.

Hoy en día, cuando se habla de psicodelia en la música electrónica, muchas veces se reduce a una estética. En los años 90, ¿cómo se vivía realmente esa experiencia? ¿Era algo buscado conscientemente o surgía de forma natural dentro de la escena?

Supongo que depende de dónde estuvieras. En Goa, por ejemplo, la psicodelia ya era una parte importante incluso antes de que llegara la música electrónica, así que surgió y se mezcló de forma natural. Muchos eventos que hice en el pasado fueron en bosques y en plena naturaleza, cosa que daba mucha libertad para explorar. En aquella época no había móviles ni redes sociales, era totalmente diferente. No había grandes shows visuales ni gente grabando para Instagram o TikTok, ni siquiera demasiados DJs en la misma noche. Al principio todo giraba puramente alrededor de la música y el baile, no del DJ como foco principal. La gente estaba más abierta a la diversidad musical siempre que apoyara el viaje. Mi propio recorrido siempre ha sido cómo manipular la música, incluso habiendo estado del otro lado de la pista. ¿Cómo puedes ser DJ y no bailar nunca?

Tu exploración sonora ha sido amplia pero muy coherente. ¿Cómo se desarrolló ese viaje personal y qué influencias moldearon tu forma de entender el sonido?

Para mí siempre ha sido clave la tecnología en la generación de sonidos. También me inspiraron artistas como Tangerine Dream, Kraftwerk y YMO, que usaban mucho la tecnología para crear música y actuar. También la vida y la naturaleza pueden inspirar a la hora de crear. Mis sets en directo han evolucionado desde el principio hasta hoy, pero siempre sobre la misma base, construyendo sobre un mismo fundamento para encontrar elementos dinámicos que manipular tanto con programación como en directo. La interacción humana siempre es importante para que todo sea dinámico e interesante y tener control sobre lo que puede pasar.
Es una experiencia similar cuando hago música en el estudio usando hardware real; muchas de mis grabaciones son jams grabadas en una sola toma, dejándome llevar. Probablemente me aburriría y me agotaría creativamente si solo hiciera un estilo musical, así que no tengo miedo a experimentar o aprender un instrumento nuevo. Con la música electrónica tienes posibilidades infinitas para explorar sonidos y ritmos.

Desde el ambient y el downtempo hasta el techno y el trance, tu música parece moverse por estados más que por géneros. ¿Estos paisajes sonoros nacieron de forma intuitiva o había una intención clara detrás?

Es una combinación de ambas cosas. Cuando toco en directo rara vez hago exactamente el mismo set dos veces. El tipo de evento y mi sensación del momento definen el resultado, y puede cambiar según la energía del público y la mía. Es como contar una historia con un inicio, un pico y un final. Creo que cada estilo encuentra su lugar en el momento adecuado, y puedes tener control sobre eso.

¿Hubo alguna práctica, estudio o experiencia vital que te ayudara a profundizar esa conexión entre música y espiritualidad?

Más que nada, ha sido la experiencia de vida. Viajar por diferentes partes del mundo ha tenido un impacto, así como conocer personas de distintos caminos que viven la música de la misma forma en la pista.
De pequeño siempre me atrajeron los instrumentos, como el piano de cola de mi abuela cuando estaba solo, lo exploraba tocando teclas y golpeando cuerdas para descubrir sonidos. Nunca tuve formación formal y soy autodidacta, lo que hizo que no tuviera reglas a la hora de tocar.
También sentía una conexión profunda cuando escuchaba música electrónica de joven, como Tangerine Dream; siempre sentía que esos paisajes sonoros me llevaban a otros lugares. Mucha de la música que hago no tiene intención de ser publicada; es más bien una meditación, horas manipulando sonidos donde el tiempo parece detenerse. Es una necesidad.

La psicodelia suele asociarse automáticamente al uso de sustancias, pero el trabajo en estudio cuenta otra historia. ¿Cómo describirías el entorno social y cultural cuando empezaste a publicar música?

La psicodelia siempre ha estado ahí, y al principio era más abierta para explorar, pero para mí siempre fue sobre el sonido. También era una forma de abrir los sentidos y hacer que el sonido fuera más dimensional. La psicodelia ha sido parte de la historia humana en la creatividad y la danza, una forma de alcanzar estados más elevados, y siempre estará ahí.
Personalmente no me gusta usar psicodelia ni sustancias al crear o actuar. Hay un elemento de control en el proceso que requiere concentración. La música y el baile en sí mismos pueden ser el camino hacia la iluminación musical, con o sin psicodelia.

¿Y cómo fue recibida tu obra en aquel momento?

Muchas veces fue abrumador. Seguir mi propio camino y hacer lo mío hizo que destacara, supongo. Tocaba muchísimo y apenas podía asimilar el último show antes de ir al siguiente. Mientras trabajaba con R&S había buen marketing, así que tuve bastante prensa, promoción y muchas actuaciones bien recibidas, aunque no sin problemas técnicos a veces. También llevaba conmigo a un técnico de sonido cuando hacía falta, porque el buen sonido era importante y porque me ayudaba cuando iba demasiado lejos. Hacía muchos grandes festivales con todo tipo de música, así que el tiempo era corto y necesitaba a alguien que entendiera cómo trabajo.
Después de tocar, muchas veces me sentía sobrepasado y necesitaba aislarme un poco para procesar todo sin demasiada distracción alrededor.

¿Qué querías expresar con ‘Visions Of The Past’? ¿Era un mensaje hacia el futuro para entender lo que pasaba entonces?

Al principio era solo una colección de temas que hice entre el 91 y el 93, tanto en Suecia como en Bélgica. ‘Aqua Viva’ ya lo había hecho en 1991 en Estocolmo y fue el track que me llevó a firmar con R&S. A partir de ahí hice más piezas que podían encajar en un álbum junto a ese tema. En los 90 siempre había chill out rooms en muchos eventos, lo que también influyó en crear música que pudiera escucharse allí o en casa después de salir. Es una especie de viaje, algo que puedes escuchar conduciendo de noche. Muchas veces, escuchar demos en el coche daba una experiencia distinta que en el estudio. Crear esa música fue una mezcla de mi recorrido personal y la música con la que crecí.

Tu música se construye a través de capas y combinaciones muy particulares de sonido. ¿Cómo trabajas esa superposición de texturas y lenguajes sonoros?

La mayoría del tiempo es pura sensación. A veces puede ser caótico y luego intentas darle sentido cuando todo llega a la vez. Muchas grabaciones nacen de preparar diferentes paisajes sonoros en el mixer y grabar la sesión, manipulando todo en tiempo real en una sola toma. Otras veces, paso mucho tiempo programando para lograr el sonido y las transiciones correctas. En directo quiero acceso a cada sonido por separado para poder cambiar sobre la marcha y hacer ajustes en el soundcheck. Siempre hay elementos base con bastantes capas y equipo externo que entra o sale según la sensación. También depende mucho del sistema de sonido y del monitoreo, porque mezclo todo yo mismo como un DJ, pero con 24 canales.

Hoy existe una necesidad constante de categorizar la música. ¿Cómo defines tu sonido dentro de esos límites, si es que los aceptas?

Para mí, en esencia, todo es techno de alguna forma, con matices de otros estilos. Tiene que ver con las máquinas y de dónde vienes. Siendo DJ desde principios de los 80, he pasado por muchos géneros y siempre ha ido sobre romper límites y explorar lo nuevo. No me defino dentro de una categoría concreta y muchas veces las mejores pistas son las de público más abierto. ¿Hace falta solo un bombo a negras para llamarlo techno?

Si tuvieras que situarte junto a artistas afines, ¿cómo lo harías?

Igual que yo, siguiendo su propio camino y haciendo lo suyo. Como DJ es importante encontrar la música que te hace especial. Es un trabajo constante construir tu biblioteca musical y refinarla. Cómo será una actuación también depende del tipo de evento y del resto del line-up.

Hablando de afinidades: ¿qué artistas te inspiran hoy?, ¿a quién no deberíamos dejar de escuchar ahora mismo?

Hay muchos buenos DJs, aunque a veces suenan demasiado parecidos. Creo que hay que dar un poco más para destacar, tomar riesgos y mezclar cosas que no sean tan obvias dentro del mismo estilo. Me gustan algunos DJs de Japón como Wata Igarashi y DJ Nobu, que saben hacer exactamente eso.

¿Qué herramientas siguen siendo centrales en tu proceso actual y cuáles han cambiado radicalmente desde los 90?

Los sintetizadores y el ordenador siempre han sido clave. Empecé con Steinberg Pro-16 en un Commodore 64 en 1985 y luego pasé a Cubase en Atari. Ahora uso Ableton Live, que puede hacerlo todo si quieres, y también Max for Live para crear mis propios plugins y efectos. Ha cambiado muchísimo desde entonces. El sampling también ha sido una herramienta esencial para capturar sonidos y manipularlos. El equipo analógico siempre ha sido importante para conseguir el sonido y tener control físico. Hoy puedes hacer todo en un portátil… pero, ¿dónde está la diversión en eso?

Pronto volverás a Barcelona, primero con un DJ set y luego con un live. ¿Qué es lo que más te entusiasma de regresar?

Tomar algo de Sol y disfrutar un poco después del frío invierno sueco, reencontrarme con nuevas amistades y nuevas oportunidades. Siempre me ha gustado Barcelona y sus eventos, así que tengo muchas ganas de volver. Han sido unos años más tranquilos y espero estar más activo en el futuro.

Y para cerrar: ¿te queda algún sueño por cumplir como artista? Dicen que si lo dices aquí… se hace realidad.

Hacer la banda sonora de una película sería increíble,… (¿o puedo elegir mejor un synth?).

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