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Entrevistamos a Kurilo: de sobrevivir a la guerra a reconstruir su vida a través de la música

"Antes de que comenzara la guerra pasé casi un año trabajando en el proyecto de mis sueños: abrir mi propio club y bar en el centro de Járkov."

  • Fede Cortina
  • 12 June 2026
Entrevistamos a Kurilo: de sobrevivir a la guerra a reconstruir su vida a través de la música

Pocas historias dentro de la música electrónica contemporánea reflejan tan claramente el poder transformador de la cultura club como la de Kurilo. Nacido en Járkov, Ucrania, y actualmente afincado en Nueva York, el DJ, productor y fundador de Trance Pandemic ha vivido una trayectoria marcada por la pasión, la incertidumbre y una capacidad de resiliencia fuera de lo común.

Lo que comenzó como la obsesión de un adolescente fascinado por los discos de funk, soul y disco terminó convirtiéndose en una carrera internacional atravesada por algunos de los acontecimientos más duros que puede enfrentar una persona: la pérdida de su hogar, una guerra, la migración forzada y la necesidad constante de empezar desde cero.

En esta conversación hablamos sobre sus inicios en la escena underground ucraniana, el nacimiento de Trance Pandemic, la huida de Ucrania tras la invasión rusa, su etapa en Berlín, la reconstrucción de su vida en Nueva York y el papel que la música ha jugado como refugio, motor y razón para seguir adelante.

¿Recuerdas el momento exacto en el que el DJing o la cultura club hicieron clic contigo por primera vez?

Recuerdo perfectamente el momento en que el DJing entró en mi vida. Tenía 16 años y era verano en Járkov, la ciudad donde nací y crecí. Los veranos allí son extremadamente calurosos y pasaba la mayor parte de mis días recorriendo la ciudad en bicicleta con mis amigos.

Siempre fui un poco un outsider. Prefería dedicar mi tiempo a cosas que realmente me interesaban antes que quedarme en casa. Empecé a hacer skate con 11 años, entrené MMA, luego pasé al BMX cuando tenía 14, y a los 16 ya montaba bicicletas de pista mientras tocaba la batería.

Un día, un amigo consiguió una controladora de DJ y empezó a practicar en casa mezclando funk, soul y disco. Me enamoré instantáneamente. Como ya tocaba la batería y no encontraba la banda adecuada para unirme, el DJing me pareció la vía creativa perfecta: algo que podía desarrollar completamente por mi cuenta. Empecé viendo tutoriales de Traktor, aprendiendo lo básico y practicando en mi portátil. Así comenzó todo.

La escena underground ucraniana siempre ha tenido una identidad muy particular. ¿Cómo influyó ese entorno en tu visión artística?

La escena underground en Ucrania siempre estuvo muy concentrada en Kiev. Aunque en Járkov había muchas fiestas, la mayoría funcionaban a nivel local. Mientras tanto, clubes como Closer ya estaban marcando estándares internacionales, programando artistas de todo el mundo.

Los DJs y productores de Kiev tenían mayor acceso a música, información y oportunidades, lo que impulsó enormemente la escena. Cuando empecé a pinchar y producir, Kiev representaba el siguiente nivel para mí.

Mirando atrás, creo que el underground ucraniano se construyó alrededor de la supervivencia y la individualidad. Quizá por eso Ucrania ha producido tantos artistas únicos y con una identidad propia muy marcada.

¿Hacia dónde sientes que está evolucionando tu sonido actualmente?

Llevo diez años involucrado en la música. Tengo 26 años y, después de una década experimentando, aprendiendo y buscando mi sonido, siento que por fin empiezo a encontrarlo.

La mejor forma de describirlo sería como una sinergia entre house, tech house, minimal, techno y trance. Pero los géneros son solo una parte de la historia. Lo más importante es el viaje: ese estado hipnótico e inmersivo que puede generar la música cuando todo encaja de la manera correcta.

¿Cómo nació realmente Trance Pandemic? ¿Sentías que faltaba algo en la escena?

Trance Pandemic nació durante los primeros meses de la pandemia global. La idea de lanzar un sello exclusivamente en vinilo llevaba mucho tiempo rondándome la cabeza.

Mi amigo, mentor y futuro socio Komponente llevaba años gestionando su sello Tvir, pero sentía que musicalmente estaba avanzando en una dirección diferente a la que yo quería explorar.

Cuando comenzó la pandemia perdimos nuestros trabajos y, de repente, nos encontramos con algo que nunca habíamos tenido suficiente: tiempo. Pasamos incontables horas en el estudio escribiendo música y desarrollando ideas.

Una gran fuente de inspiración fue el Brave! Factory Festival de Kiev en 2019, donde escuchamos a Jane Fitz y Carl H tocar juntos por primera vez. Aquella música nos impactó profundamente. En ese momento había muy pocos artistas explorando ese punto de encuentro entre el trance y la música psicodélica de baile.

Sentimos que existía la oportunidad de construir algo único alrededor de ese sonido y decidimos apostar por ello. Viéndolo ahora, fue una de las mejores decisiones que hemos tomado.

¿Qué viene ahora para el sello?

El futuro del sello se convirtió en una gran incógnita después de que mi socio y amigo cercano Komponente falleciera el verano pasado.

Durante mucho tiempo no supe qué hacer. Trance Pandemic no era solo un sello, era nuestro hijo. Habíamos dedicado años a construirlo juntos.

Tras mucha reflexión comprendí que la única manera de avanzar era continuar.

He decidido renovar la identidad del sello y llevarlo hacia una nueva dirección, manteniendo vivo el espíritu de lo que creamos juntos. Desde su fallecimiento ya he terminado un nuevo lanzamiento que verá la luz en las próximas semanas. Lo veo como una forma de honrar todo lo que construimos mientras sigo mirando hacia adelante.

Tu carrera se vio profundamente afectada por la guerra. ¿Cómo impactó eso en ti creativa y mentalmente?

Antes de que comenzara la guerra pasé casi un año trabajando en el proyecto de mis sueños: abrir mi propio club y bar en el centro de Járkov.

Había encontrado un inversor dispuesto a respaldar mi visión con una cantidad importante de dinero. Yo tenía apenas 21 o 22 años y sentía que todo iba en la dirección correcta.

Entonces, al día siguiente de comenzar las obras —cuando ya se habían invertido casi 100.000 dólares— comenzó la guerra.

A las cinco de la mañana me desperté con el sonido de explosiones fuera de mi ventana.

De un día para otro desapareció todo aquello por lo que había trabajado durante años.

Poco después Ucrania cerró las fronteras para los hombres en edad militar y me sentí atrapado. Finalmente apareció una oportunidad para salir del país gracias a unos amigos. Implicaba asumir riesgos importantes, pero afortunadamente conseguí marcharme sano y salvo.

Lo que vino después fue uno de los periodos más difíciles de mi vida.

¿Cómo de difícil fue mantener la conexión con la música cuando la cuestión dejó de ser “cómo vivir” para convertirse en “cómo sobrevivir”?

Después de todo lo ocurrido, la pregunta ya no era cómo vivir, sino cómo sobrevivir. Lo único que realmente me salvó fue la música.
Todas las conexiones, amistades y relaciones que había construido gracias a ella se volvieron fundamentales cuando llegué a Europa.

¿Qué recuerdas de tu llegada a Berlín?

Primero me mudé a Italia, donde vivía mi entonces pareja. Poco después nos trasladamos a Bulgaria, pero la relación terminó rápidamente.
Entonces decidí marcharme solo a Berlín.
Llegué con apenas unos cientos de dólares en el bolsillo y sin ningún plan claro. Sin embargo, terminó siendo la ciudad donde todo el trabajo que había realizado durante años empezó a dar frutos.
Mi primer empleo fue fregando platos en un restaurante. Después trabajé en clubes haciendo producción de iluminación y, más adelante, como DJ.
La música fue la única constante durante todo ese proceso. Me dio propósito, me conectó con personas y me permitió construir una nueva vida desde cero.
Al mismo tiempo, fue una etapa extremadamente dura porque la situación en Ucrania empeoraba cada día. Hubo momentos en los que pensé seriamente en regresar y unirme al ejército. Sentía que ya lo había perdido todo. Pero al final entendí algo fundamental: soy músico, no soldado.

¿Berlín transformó tu sonido o tu forma de entender la escena?

Berlín tuvo un impacto enorme tanto en mi música como en mi desarrollo personal.

Trabajar en clubes prácticamente todos los días me permitió observar a DJs, promotores, sistemas de sonido, iluminación y públicos desde una perspectiva completamente diferente.

Esa experiencia fue una educación en sí misma.

Tu actuación en Boiler Room Berlín 2023 atrajo mucha atención. ¿Cambió algo profesionalmente?

La música que había hecho en Ucrania terminó abriéndome puertas en Berlín.

Un scout de Boiler Room seguía nuestro trabajo desde antes de abandonar Ucrania y, con 23 años, fui invitado a participar en mi primer Boiler Room.

Para un chico de Járkov fue una experiencia emocionante y abrumadora al mismo tiempo.

Más importante aún, me hizo comprender que quería llevar mi desarrollo artístico mucho más lejos.

A pesar de todo seguiste publicando música constantemente. ¿Se convirtió el estudio en un refugio?

Sin importar lo que ocurriese en mi vida, siempre intenté seguir haciendo música.

Después de salir de Ucrania ya no tenía acceso a gran parte de mi equipo. Muchas veces solo contaba con un portátil y una Octatrack.

Aun así, siempre encontraba la forma de seguir creando.

La música se convirtió tanto en un mecanismo de supervivencia como en una práctica artística.

Después de Europa decidiste mudarte a Nueva York. ¿Por qué?

Vivir en Nueva York siempre había sido uno de mis mayores sueños.

Cuando Estados Unidos lanzó programas para ciudadanos ucranianos que huían de la guerra sentí que debía considerar seriamente esa posibilidad.

También influyó mucho mi antigua pareja.

En aquel momento me estaba yendo bien en Berlín, pero decidí arriesgarme y descubrir qué podía ofrecerme un nuevo capítulo.

¿Qué fue lo más difícil de adaptarte a Estados Unidos?

Cuando llegué, la escena underground de Nueva York era muy distinta a la actual.

No sabía dónde encajaba, dónde podía tocar ni cómo conectar con las personas adecuadas.

Durante un tiempo caí en una depresión bastante profunda. Hubo momentos en los que estuve cerca de abandonar la música.

Por suerte me refugié en el trabajo y seguí adelante. Con el tiempo las cosas comenzaron a encajar.

¿Cómo compararías la energía de Nueva York, Berlín y Járkov?

Son energías completamente distintas.

Nueva York es una máquina construida alrededor de la ambición y las oportunidades.

Berlín es una capital cultural impulsada por la creatividad y la libertad artística.

Járkov es una ciudad donde la resiliencia es una necesidad y la supervivencia moldea el carácter de las personas.

Cada una me enseñó algo diferente.

Ahora formas parte de Signal. ¿Qué te atrajo de ese proyecto?

Actualmente soy DJ residente en Signal y también trabajo en la producción de iluminación de eventos.

Hace poco lanzamos Signal Academy.

Cuando Josh, uno de los propietarios, me mostró los primeros renders del proyecto, sentí inmediatamente que quería formar parte de él.

Me recordó al club que estaba construyendo en Ucrania antes de que la guerra cambiara mi vida.

¿Sientes que compartir conocimiento y construir comunidad se ha convertido en una parte importante de tu camino?

Totalmente.

Recientemente abrimos nuestro propio estudio y espacio educativo, donde enseño a pinchar, producir música y comparto toda la experiencia que he acumulado durante estos años.

Intento aportar al crecimiento de la comunidad underground en Nueva York y creo que esa misión es precisamente lo que me une a Signal.

Después de más de 30 lanzamientos, ¿qué define hoy un tema de Kurilo?

Lo que me diferencia no es una técnica concreta ni un género específico.

Son mis emociones, mis experiencias y la perspectiva que he adquirido a lo largo de mi vida.

Todo lo que he vivido —los éxitos, los fracasos, la incertidumbre, la pérdida, la migración y la reconstrucción— termina encontrando su camino hacia mi música.

Intento convertir todo eso en sonido y crear algo honesto.

Después de Ucrania, Berlín y Nueva York, ¿qué significa hoy la palabra “hogar”?

Para mí, hogar no es un lugar en el mapa.

Hogar es donde te sientes completo, en paz contigo mismo y conectado con quien eres.

No depende de una ciudad, un país o un edificio.

Por eso mi respuesta es sencilla: “Tu hogar eres tú.”

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