¿Y si el futuro está en los festivales boutique?
Naturaleza, aforos reducidos y line-ups más selectos: por qué cada vez más gente prefiere lo pequeño a lo masivo.
Creo que es algo intrínseco del ser humano que, cuando algo tiene éxito, tendemos a pensar o debatir en nuestro círculo que se trata de una moda, que esto también va a pasar y que en realidad la gente no tiene ni idea, que los que sabemos realmente lo que mola somos nosotros. Supongo que es una cuestión de ego, o simplemente de querer sentirnos con un criterio más selecto que el del resto. Es verano, época de festivales sobre todo en España, y esta conversación en torno a la masificación de eventos y los line-ups estratosféricos seguro que ha salido más de una vez en alguna terraza de bar.
Este artículo no va a alimentar esa conversación, ya que los grandes festivales son necesarios y aportan riqueza económica y cultural. Además, no nos vamos a engañar, también mola disfrutar de vez en cuando de ese headliner del que en algún momento de nuestras vidas hemos sido seguidor o admirador. Otro de sus atributos es que, entre grandes nombres, también se pueden descubrir propuestas más que interesantes, por lo que en cierto modo son una puerta de entrada y una oportunidad para quien tiene el interés y la apertura de mente suficientes para descubrir nuevos artistas y sonidos.
Sin embargo, hoy no vamos a hablar de esos grandes festivales, de los que ya se ha hablado mucho en anteriores ocasiones, sino de propuestas que se alejan bastante de eso. Propuestas que quizá en unos años sean la tendencia y las que ocupen las miradas y las conversaciones entre el público general, porque ya han dejado de ser nicho para convertirse en plan recurrente. Hablamos de los festivales boutique.
No creo que sea la primera vez que oyes o lees sobre este concepto, aunque por si acaso conviene preguntarse qué es un festival boutique. Quizá es demasiado pronto para darle una definición al estilo RAE, pero si tuviéramos que intentarlo, podríamos decir que la línea que separa lo convencional de lo boutique, aunque a veces sea difusa, se dibuja en torno a tres factores bastante claros. El primero es la ubicación, ya que este tipo de eventos suele alejarse de las grandes capitales y centros urbanos en busca de entornos más recónditos y naturales. El segundo es el aforo, porque aquí no hay lugar, o no debería haberlo, para la masificación, sino que todo se vive de forma más lenta y se saborea más. Y el tercero, no menos importante, es el line-up, ya que disfrutas de artistas que en otros festivales no ocuparían las primeras líneas del cartel.
Y precisamente por eso, ¿no te ha pasado nunca que descubres a un artista nuevo y lo sientes como un tesoro que no quieres que nadie más conozca, hasta el punto de dudar si compartirlo con tus amigos o en tus stories de Instagram? Pues seguramente ese tipo de artista es el que ocupa estos line-ups. Y este es otro de sus alicientes, ya que compartes cartel y experiencia con un público muy similar a ti, lo que también genera un punto de conexión. Sabes que quien está a tu lado en la pista probablemente ha llegado hasta ahí buscando lo mismo que tú, y no arrastrado por un cabeza de cartel que ha visto en un anuncio. Esa afinidad crea algo que en los grandes festivales cuesta encontrar, que es comunidad real y no solo coincidencia de fechas y ubicación.
En España, la proliferación de este tipo de eventos más selectos cada vez se hace más notable, y el nivel, al igual que ocurre con los grandes festivales mainstream, es cada vez más alto.
Cuando pienso en este concepto de evento, me vienen rápido a la mente proyectos como Días de Campo en Montanejos, en Castellón, Sun & Snow en Sierra Nevada, en Granada, Veta Festival en Barruelo de Santullán, en Palencia o Parallel Festival en Port del Comte, en Lleida. Y si tuviéramos que mencionar uno más como bonus track fuera de España, habría que hablar de Basilar, en la Barragem da Queimadela, en Oporto.
Seguramente, si estás leyendo este artículo, ya conozcas todos estos festis, pero si de repente investigas alguna de estas propuestas y te llama la atención su concepto hasta el punto de decidirte a visitar alguna de ellas, yo ya me doy por satisfecho.
Hay mucho más mundo lejos de los grandes nombres.
