Tropical Animals: quince años escapando de la postal
La fiesta creada por Ricardo Baez celebra quince años de historia transformándose en una plataforma itinerante y reactivando su sello con un nuevo lanzamiento de Kasper Bjørke
Florencia siempre ha tenido un pequeño problema: ser demasiado Florencia. Una ciudad convertida en postal permanente, atrapada muchas veces entre el peso de su propia historia, el turismo y una idea de cultura que suele mirar varios siglos hacia atrás. Pero mientras millones de personas recorrían sus calles buscando el pasado, debajo de la superficie también había gente intentando construir algo que hablase del presente.
En 2009, Ricardo Baez puso en marcha Tropical Animals, una fiesta semanal que durante años funcionó todos los jueves a pocos metros de la Piazza della Signoria. Una anomalía dentro de una ciudad donde parecía más fácil encontrar una visita guiada que una pista de baile mirando hacia adelante.
Lo que empezó como una noche de club terminó convirtiéndose en una pequeña institución dentro del circuito underground italiano. Sin grandes fórmulas ni una identidad cerrada alrededor de un género concreto, Tropical Animals fue creciendo a través de una idea bastante sencilla: juntar a gente interesante, cuidar la programación y dejar que la música se moviera sin demasiadas explicaciones.
Durante más de una década, su cabina fue reflejo de esa filosofía. Por allí pasaron nombres esenciales de distintas generaciones y escenas: desde Donato Dozzy, John Talabot, Lena Willikens, Vladimir Ivkovic, Boo Williams, Onur Özer o DJ Hell hasta figuras históricas como Carl Craig, Marshall Jefferson, Chez Damier o Ellen Allien.
También hubo espacio para directos de Caribou, Soichi Terada o Azari & III, y para artistas que entonces todavía estaban escribiendo sus primeros capítulos antes de convertirse en nombres habituales de los grandes circuitos internacionales, como Avalon Emerson, Jayda G, Mall Grab, Denis Sulta, Bambounou o Yousuke Yukimatsu.
Cargando siguiente articuloPero reducir Tropical Animals a una lista de invitados sería quedarse en la superficie. El proyecto encontró su personalidad en todo lo que ocurría alrededor: los residentes, la gente que repetía cada semana y una escena local que acabó entendiendo aquel jueves como algo propio. DJs como Gaiden, Teo Naddi o Fettedilimone formaron parte de una familia que ayudó a definir una identidad inquieta, difícil de encerrar en una sola etiqueta.
Esa misma inquietud acabó saliendo del club en 2018 con el nacimiento de Tropical Animals Records. El sello arrancó con ‘In Light’ de Whitesquare y fue ampliando catálogo con artistas como The Cyclist, Daniele Baldelli, Rebolledo, Robert Owens, Bawrut, Nick Anthony Simoncino o el propio Ricardo Baez.
Era un movimiento lógico: si durante años Tropical Animals había funcionado como filtro musical dentro de una pista de baile, el sello permitía llevar esa misma selección a otro terreno. Menos dependiente del calendario de una noche concreta y más conectado con una forma de entender la música. Ahora, después de un periodo de pausa, Tropical Animals Records vuelve con ‘Veri/Gliss’, un nuevo EP firmado por Kasper Bjørke y publicado exclusivamente en vinilo. Un regreso que también marca el inicio de una etapa diferente para todo el proyecto.
‘Veri’ recupera esa parte más cinematográfica del productor danés: sintetizadores en constante movimiento, capas que aparecen y desaparecen y una construcción que avanza sin necesidad de buscar el golpe fácil. Ricardo Baez firma una reinterpretación más seca y directa, pensada desde la energía del club, mientras que ‘Gliss’ muestra una versión más pausada y melódica del mismo universo.
El lanzamiento llega en un momento de cambio para Tropical Animals. Después de quince años asociado a una ciudad y una rutina semanal, el proyecto abandona la idea de residencia fija para moverse como una plataforma itinerante, llevando su sonido y su comunidad a nuevos espacios.
Quizá esa sea la forma más natural de entender su evolución. Una fiesta que nació intentando mirar más allá de la postal de Florencia y que, década y media después, sigue haciendo exactamente lo mismo: moverse antes de quedarse quieta.

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