Review: Probamos el RDM40 de Varia Instruments
Un mixer rotary sacando de una película de ciencia ficción
Desde siempre este mixer estuvo rondando mi inconsciente. Tiene ese diseño retro-futurista difícil de olvidar, aunque lo hayas visto solo una vez: VU meters analógicos, knobs grandes y una presencia que impone respeto en cualquier cabina. La construcción es realmente robusta —chasis metálico fabricado en Suiza, potenciómetros con recorrido largo— y es difícil olvidar la sensación que te deja después de usarlo: no es solo una mesa, es una herramienta musical.
Desde el primer momento que lo conecté en mi estudio, después de desmontar mi mixer habitual y dejar el RDM40 en los mismos parámetros a los que estoy acostumbrado, la experiencia fue una absoluta pasada. Me sorprendió el “color” y la calidez que aporta, algo que se nota enseguida gracias a su circuito completamente analógico y a la fuente de alimentación lineal interna, sin adaptadores externos.
Parte de esa magia está en su arquitectura: cuatro canales rotativos, cada uno con entrada phono y line (el canal D también admite micrófono), ganancia independiente, envío a efectos y un isolator de tres bandas por canal. Los isolators son suaves y musicales, perfectos para trabajar capas sin destruir el groove, mientras que el isolator master —más agresivo— permite esculpir el conjunto del mix en tiempo real. En la práctica, esto se traduce en un control muy fino de graves, medios y agudos, ideal para DJs que disfrutan construyendo transiciones invisibles y mezclas largas.
La sutileza y el poder de ecualización es algo casi mágico. Puedes aislar una vocal o quitar un bass sin perder medio tema. Además, cada canal cuenta con un LED dinámico que avisa cuando la señal empieza a calentarse, y los dos VU meters analógicos pueden conmutarse entre master y PFL, algo muy útil para afinar niveles antes de soltar el siguiente tema.
La mesa ofrece salidas balanceadas por XLR para el master, booth balanceado, record out independiente y send/return para integrar efectos externos. Todo está pensado para setups complejos, tanto en casa como en cabina, sin perder ese enfoque artesanal que se siente en cada giro de knob.
El mixer fue probado también en un club, donde habitualmente usan un Xone:92 y un sistema L-Acoustics de alta fidelidad. La reacción fue sin dudas positiva a nivel auditivo: más profundidad, más cuerpo y una sensación clara de headroom cuando el volumen empieza a subir. Eso sí, quizá no sea la mejor opción para dejar fijo sin supervisión: al ser un mixer rotativo con carácter, requiere un mínimo de conocimiento para no pasarse de rosca y hacer que todo pique en rojo.
En resumen, el RDM40 no busca ser una mesa complaciente. Está pensado para DJs experimentados que quieran lucir su espacio y su técnica, y para quienes entienden la mezcla como parte del lenguaje musical. Si te gusta trabajar los detalles y sentir que estás tocando el sonido, este mixer juega directamente en otra liga.
