Pride: Statements de una comunidad
Más allá de la visibilidad: una mirada colectiva a los retos, las conquistas y el futuro de la comunidad queer en la música electrónica.
En honor al mes del Pride, quisimos adentrarnos en la visión, misión y valores de una comunidad que, aunque hoy vive un momento de mayor visibilidad y expansión dentro de la escena electrónica global, sigue enfrentando tensiones, desafíos y luchas que no siempre ocupan el centro del relato.
La cultura queer ha sido, y continúa siendo, una fuerza fundamental en la construcción del clubbing tal y como lo conocemos: un espacio de encuentro, de resistencia y de transformación. Sin embargo, en un contexto donde la industria parece cada vez más interesada en apropiarse de sus códigos estéticos, resulta necesario detenerse a escuchar qué está pasando realmente dentro de la comunidad.
Para este artículo de Mixmag, reunimos a distintos artistas y colectivos queer que están dando forma al presente de la electrónica desde múltiples frentes. A través de una serie de preguntas abiertas, les invitamos a reflexionar sobre temas clave de la comunidad.
AINES:
¿Qué hace que un club o una fiesta sea genuinamente un espacio seguro y no solo una estética inclusiva?
Son muchos los factores, pero para mí el principal es el espacio. Si montas un evento en un lugar politizado y atravesado por lo cuir, ya estás poniendo mucha intención y cuidado en las personas que van a habitarlo. Sin embargo, en el marco de las grandes salas o los festivales masivos es más difícil sostener esos cuidados, ya que la cisheteronormatividad suele ocupar un espacio muy grande, por mucho que exista una estética inclusiva. Desde la autogestión, me parece muy potente y mágico que el colectivo que organiza la fiesta esté presente en el lugar y atentx al público, haciéndolo partícipe de la experiencia desde la horizontalidad. Tener una mirada inclusiva es clave para generar un sentimiento de pertenencia entre quienes habitan el espacio. Por norma general las personas del colectivo tenemos muy herido este sentimiento y cuando acudimos a un espacio queer lo que más buscamos, además de bailar, es sentir que formamos parte de una comunidad.
¿Crees que la institucionalización del Pride ha afectado a la cultura club queer?
Mi opinión es que lo que se institucionaliza termina afectando directa y negativamente a los colectivos que se encuentran al margen, a aquellos que están invisibilizados. El mainstream se alimenta del underground; siempre ha sido así. Desde lo pequeño y lo local se hace el trabajo más difícil y, con la "visibilidad" de lo queer, llegan las grandes marcas a lucrarse de todo lo cultivado: es la rueda del capitalismo girando a un ritmo atroz.
La problemática aquí es que estas marcas llegan a un público muy amplio, y eso hace que los espacios queer pierdan seguridad y cuidado. Aquí entra el gran dilema porque por una parte la institucionalización ayuda a llegar a más gente y, por tanto, a tener solvencia económica pero por otro lado, siento que se pierde el motivo y la intención con los que se crearon dichos espacios.
COFFINTEXTS:
¿Qué escenas, artistas o espacios fueron importantes para tu desarrollo personal y artístico?
Cuando empecé a salir en 2012, sentí que había descubierto algo que realmente capturaba ese momento en Miami. Había una energía casi ilegal y DIY en muchas fiestas diferentes. Había hiphop, dancehall, reggaeton, música en vivo, electro house, tribal house y minimal en los afters. Lugares como Vagabond, Mekka, Club Space, The Cove, Twist, The Pickle y Grand Central fueron formativos para la música que hago hoy, y siguen influyendo cómo pienso en la música de baile y la energía que quiero que sienta la gente.
¿Qué le dirías a una persona queer joven que está descubriendo ahora la escena electrónica?
El gusto es una práctica. Cuanto más tiempo te dedicas a descubrir cosas que realmente te gustan, más fácil será entender lo que quieres hacer tú mismo. Recomendaría a cualquiera que esté empezando, que enfoque bien en construir su gusto antes de buscar oportunidades para tocar en frente de un público. Recuerda que tu propia historia es lo más interesante que tienes. Intenta mantenerte conectado en donde estás, de dónde vienes y la gente que tienes alrededor tuyo. Este consejo me lo dieron cuando estaba empezando, y me ayudó muchísimo.
¿Qué luchas dentro de la comunidad queer crees que siguen invisibilizadas en la escena electrónica?
Algo que pienso mucho, es cuánto dependen los clubs
de las ventas de alcohol, y la presión que eso pone al consumo. Yo no tomo mucho, pero he visto muchos locales y fiestas increíbles luchar para mantener precios accesibles para la comunidad queer mientras cubren sus gastos. Si queremos preservar los espacios queer y la cultura de baile, tenemos que encontrar mejores formas de apoyar a nuestros DJs, eventos locales y los clubs.
HYPERAKTIVIST:
¿Qué señales identificas cuando una fiesta entiendede verdad la cultura queer y cuándo simplemente la utiliza como branding?
Creo que se nota en la consistencia. Cuando un colectivo entiende realmente la cultura queer, ese compromiso se refleja edición tras edición: en sus line ups, en quién ocupa los espacios de decisión y en la manera en que cuida y construye comunidad. No se trata de incluir artistas queer o trans para cumplir una cuota o evitar críticas, sino porque su trabajo, su sensibilidad y sus perspectivas forman parte del ADN del proyecto.
También habla mucho del rol de quienes programan, cuánto investigan, qué riesgos toman, si sus line ups responden únicamente a tendencias o a una visión más profunda. Cómo sostienen a artistas quienes ya tienen una trayectoria y cómo cultivan nuevas voces. Pero no es solo una cuestión de curaduría. También tiene que ver con preguntarse quién puede acceder realmente a esos espacios y qué medidas se toman para que personas minorizadas no solo sean visibles, sino que también puedan asistir, participar y sentirse seguras, respetadas y representadas. Para mí, una de las formas más genuinas de proteger, nutrir y asegurar la continuidad de nuestra comunidad es a través de un compromiso real y sostenido con la cultura que se dice representar.
¿Qué papel puede tener la música electrónica frente a la violencia o discriminación hacia personas queer y trans?
La música electrónica tiene hoy un alcance enorme. Es una industria global con capacidad no solo para entretener, sino también para generar conversación, posicionarse y educar. Ese alcance es una herramienta poderosa para visibilizar realidades que muchas veces siguen siendo ignoradas. La violencia y la discriminación hacia personas queer y trans siguen ocurriendo con mucha más frecuencia de la que mucha gente imagina. Por eso, clubes, festivales, colectivos y promotores tenemos la responsabilidad de ir más allá de una relación transaccional basada en vender entradas. Debemos preguntarnos qué mensajes amplificamos, a quién escuchamos, cómo protegemos a las personas más vulnerables dentro de nuestras escenas y qué medidas concretas tomamos para que nuestros espacios sean realmente seguros. No basta con celebrar la diversidad, también hay que defenderla.
Si pudieras definir el futuro ideal de la cultura electrónica queer en una sola frase, ¿cuál sería?
Un futuro donde las comunidades queer no tengan que justificar su presencia ni negociar su lugar; donde nunca se olvide a quienes hicieron de la pista de baile un espacio de libertad, resistencia y celebración, y donde tengamos poder real para decidir el rumbo de la industria, no solo desde los márgenes, sino también desde los espacios de decisión.
LYDO:
¿Recuerdas algún momento concreto en el que sentiste que el club podía ser un espacio de libertad o de transformación?
Lo sentí bastante pronto, cuando me di cuenta de que el club podía sostener un tipo de honestidad que no encontraba en ningún otro sitio. Podía simplemente estar ahí, moverme por el espacio y sentirme parte de él sin tener que traducirme. Esa clase de libertad se sentía poderosa. Y también fue transformadora, porque hizo espacio para partes de mí misma que no siempre sabía cómo expresar en otros lugares.
¿Sientes que hoy existe más visibilidad queer genuina en la electrónica, o simplemente más marketing alrededor de ella?
Las personas queer siempre han sido parte de la música electrónica. Lo que ha cambiado es que hoy se reconoce más. Lo importante es si esa visibilidad se traduce en apoyo real y oportunidades a largo plazo. Como persona trans, la visibilidad ha importado, pero me interesan más los espacios que tratan la cultura queer como algo construido por comunidades.
¿Sientes diferencias entre la escena queer underground y los grandes festivales o marcas?
Sí, definitivamente. Los espacios underground a menudo se sienten más frágiles pero también más vivos, porque los construyen personas que realmente los necesitan. Los grandes festivales y marcas pueden amplificar la visibilidad, pero también tienden a suavizar las cosas, a empaquetarlas y hacerlas más fáciles de consumir. El underground conlleva más riesgo, pero también más verdad. Creo que existe potencial para que las plataformas más grandes se relacionen con la cultura underground de una forma más significativa.
¿La industria musical está cambiando de verdad, o solo está adaptando su discurso?
Las dos cosas a la vez. Hay más visibilidad y lenguaje en torno a la inclusión, lo cual es positivo. Pero la industria también es muy buena absorbiendo la crítica sin cambiar demasiado en lo estructural. El discurso ha avanzado más rápido que los sistemas.
NENE H:
¿Recuerdas algún momento concreto en el que sentiste que el club podía ser un espacio de libertad o de transformación?
Para mí no es realmente una noche en concreto, es un estilo de vida, son los espacios donde las personas se forjan en lo que son. Eso me incluye a mí y a mi música también. Solo que ahora me toca estar al otro lado de la sala donde las personas más interesantes están siendo moldeadas.
¿Qué escenas, artistas o espacios fueron importantes para tu desarrollo personal y artístico?
Berlín es lo más importante. Aquí puedes ser nadie, y ser nadie es lo que por fin te deja convertirte en alguien. Me formó como artista y como persona. También conocí aquí a algunos de los artistas más talentosos y conecté con ellos de una manera que creo que no habría pasado en ningun otro sitio.
¿Sientes que hoy existe más visibilidad queer genuina en la electrónica, o simplemente más marketing alrededor de ella?
Aunque haya más visibilidad, no podemos negar que nos siguen pagando mucho menos. A veces también siento que la industria usa un nombre queer seguro y al año siguiente pasa al siguiente. No podemos negar que vivimos en una sociedad con estructuras capitalistas, así que siempre habrá marketing alrededor. Eso sí, hay algo que es seguro: cada vez hay más promotores y eventos queer, lo cual es definitivamente una buena señal.
¿Qué hace que un club o una fiesta sea genuinamente un espacio seguro y no solo una estética inclusiva?
Mi experiencia es que si el promotor u organizador es una persona buena y que se preocupa, se nota en las fiestas. Su intención se va a reflejar en el público. Al final todo es energía. La energía correcta atrae a la gente correcta, y esas fiestas se vuelven automáticamente más seguras. Un espacio seguro es una infraestructura. Cualquiera puede imprimir "safer space" en un flyer y poner un arcoíris en la pared. La pregunta real es qué pasa a las 3 de la mañana cuando algo sale mal. La seguridad tiene que ver con quién asume la responsabilidad. Una sala puede parecer perfectamente inclusiva y ser insegura, y un warehouse cutre con un público que se protege mutuamente puede ser el lugar más seguro en el que hayas bailado. Educar al público también es muy importante. Las mentes curiosas siempre querrán aprender y mejorar. Quieres a esa gente en tu sala, apoyándote.
¿Crees que la institucionalización o comercialización del Pride ha afectado a la cultura club queer?
Yo no pienso en términos de qué corrompió a qué. Esa nostalgia me resulta bastante inútil. Que el Pride sea comercial es simplemente lo que es, no es nuestro mayor problema. Me atrevería incluso a decir que no puede afectar a la cultura club queer, porque lo hacen todo de una manera muy poco queer, mientras los espacios queer hacen lo suyo. No sé, prefiero centrarme en elevar los espacios que me encajan que quejarme de lo que pasa fuera de mí. No necesito tener esa energía amarga a mi alrededor. Creo que la cultura club queer está más fabulosa que nunca y estoy muy feliz y emocionada de vivirla por todo el mundo.
¿Qué luchas dentro de la comunidad queer crees que siguen invisibilizadas en la escena electrónica?
Muchas. Las mujeres trans y las personas transfemeninas son celebradas como estética pero están infrabookeadas e infrapagadas en la práctica. La clase es el gran silencio: esta cultura asume que tienes el dinero, el tiempo libre y el cuerpo para estar de fiesta hasta el mediodía, lo cual excluye a las personas queer pobres y trabajadoras. Las sustancias también son otro tema. Tenemos muy poca ayuda con los problemas en torno al consumo. Y las personas queer migrantes, del SWANA, negras y asiáticas cargan con un miedo diferente relacionado con visados, fronteras y familias que la narrativa occidental del coming out simplemente no ve.
¿Cómo influye la energía de una comunidad concreta en la construcción de un set?
Completamente. Un set es una conversación, no una emisión, así que la sala lo reescribe en tiempo real. En un espacio queer el público confía en mí y yo confío en él, así que puedo arriesgarme más, ser más vulnerable, volverme más rara. Trato el género musical como una herramienta emocional, no como un manual de instrucciones, y la energía de la comunidad decide qué sensación necesita la noche.
¿Las redes sociales han ayudado a amplificar las escenas queer o también han generado nuevas presiones?
Las dos cosas, y no se pueden separar. Me permitieron llegar a un público sin necesitar el permiso de ningún guardián, y permitieron a personas queer encontrarse más allá de las fronteras, incluso en lugares donde la escena local es peligrosa o no existe. Eso es real. Pero también convirtió la identidad en contenido y los seguidores en política de pagos. Los bookers miran tus números antes que tu música
¿Qué le dirías a una persona queer joven que está descubriendo ahora la escena electrónica?
Una pista puede amplificar lo que traes, pero no puede darte una identidad que no construiste tú. Exige respeto desde el principio y no te disculpes por ello. Después de eso, eleva a las personas que tienes alrededor, construye la sala que desearías que existiera en vez de esperar que te dejen entrar en la de otro. MANTENTE CURIOSA, brilla, crece, aprende, comparte y sigue compartiendo. La escena no es un lugar al que llegas, en realidad la vas haciendo tú :))
PAUL WOLSCH:
¿Recuerdas algún momento concreto en el que sentiste que el club podia ser un espacio de libertad o de transformación?
Definitivamente mi historia personal encaja perfectamente en esta pregunta. Mi relación con la música electrónica comenzó el mismo día que me echaron de mi casa después de salir del clóset. Regresé tras una discusión y encontré mis pertenencias afuera y el llavín cambiado. Lo que parecía el final de algo terminó siendo el comienzo de mi verdadera vida. Aunque tenía pocos recursos y muchas incertidumbres, también había ganado algo invaluable: la libertad de ser yo mismo. Días después, descubrí los clubes de música electrónica de San José y encontré allí algo que nunca había sentido antes: pertenencia. La pista de baile me enseñó que existían espacios donde no tenía que esconderme ni explicarme. A través de la música aprendí a aceptarme, a reconciliarme con mi cuerpo y a celebrar mi identidad. Por eso sigo creyendo que los clubes tienen un enorme poder transformador. En su mejor versión, el dancefloor es un lugar donde las personas pueden encontrarse consigo mismas, sentirse libres y experimentar la autenticidad sin condiciones.
¿Qué papel puede tener la música electrónica frente a la violencia o discriminación hacia personas queer y trans?
Definitivamente, el dancefloor debería representar un espacio seguro. Y en sí mismo, eso ya es una forma de resistencia. La posibilidad de reunirse, expresarse libremente y celebrar la autenticidad en comunidad es una respuesta poderosa frente a cualquier forma de discriminación. La música tiene una capacidad única para conectarnos con nosotrxs mismxs y con otras personas más allá de las palabras. Es un lenguaje universal que nos permite sentirnos vistxs, comprendidxs y acompañadxs. Cuando la música electrónica crea espacios donde las personas queer y trans pueden existir con libertad, seguridad y dignidad, se convierte en mucho más que entretenimiento: se convierte en una herramienta de visibilidad, comunidad y transformación. Creo que cada espacio seguro que se crea, cada colectivo que surge y cada evento que apuesta por la inclusión contribuye a amplificar nuestras voces. La música electrónica no puede resolver por sí sola la violencia o la discriminación, pero sí puede construir comunidades más fuertes, generar pertenencia y recordarnos que nadie debería tener que ocultar quién es para sentirse aceptado.
¿Qué luchas dentro de la comunidad queer crees que siguen invisibilizadas en la escena electrónica?
Creo que una de las conversaciones más invisibilizadas es la del acceso a los recursos y las oportunidades. Se habla mucho de identidad, pero menos de las condiciones materiales que permiten desarrollar una carrera artística. Viajar para tocar, producir música, comprar discos, obtener visas o simplemente disponer del tiempo necesario para crear arte requiere recursos económicos que no todas las personas tienen. También creo que la conversación global sobre cultura electrónica sigue estando muy concentrada en unos pocos centros culturales. Cuando hablamos de escena queer electrónica, solemos mirar hacia ciudades como Berlín, Londres, Nueva York o Ámsterdam etc. Sin embargo, existen artistas y colectivos extraordinarios en regiones como Centroamérica, Africa o el Sudeste Asiático que muchas veces deben trabajar el doble para alcanzar la misma visibilidad internacional. Paradójicamente, son estos colectivos locales los que con frecuencia realizan algunos de los trabajos más importantes para sus comunidades, creando espacios seguros, inclusivos y profundamente conectados con las realidades de sus territorios. Creo que una de las grandes tareas pendientes es reconocer, apoyar y visibilizar más esas escenas que existen fuera de los grandes centros de poder cultural.
KARNE KULTURE:
KARNE KULTURE es un colectivo fundado en 2019 dedicado a la promoción de la música electrónica desde una perspectiva centrada en el cuidado, la seguridad y la inclusión de mujeres y disidencias. Nuestro proyecto nace con la voluntad de generar espacios más seguros y diversos dentro de la escena, entendiendo la música y la cultura de club como herramientas de encuentro, expresión y comunidad. Apostamos por una programación abierta y ecléctica, que abraza tanto la variedad de géneros musicales como las distintas formas de expresión personal y de género. Actualmente, el colectivo está formado por sus fundadoras Mena G, Orfigyal y Tina Lambardeta, junto a nuestra nueva DJ residente Bat. Durante estos años hemos desarrollado una trayectoria vinculada tanto a la organización de eventos como a la práctica artística, colaborando con salas, festivales y plataformas de referencia como Boiler Room, Keep Hush, Nitsa, Primavera Sound, Bilbao BBK Live o Dabadaba, entre Con más de siete años de experiencia organizando fiestas y pinchando, nuestro trabajic se ha centrado en impulsar y dar visibilidad a talento local e internacional, mayoritariamente FLINTA, fomentando redes de apoyo y espacios de representación dentro de la cultura club. Paralelamente, hemos desarrollado actividades formativas y de mediación cultural, organizando talleres y charlas sobre temáticas como la implementación de protocolos de seguridad y cuidados en clubes y eventos. Nuestra labor y visión han sido recogidas en medios como El País, El Mundo y Televisión Española, entre otros.
El underground queer está llamando cada vez más la atención del mainstream ¿Qué ocurre cuando los mismos espacios que antes ignoraban estas propuestas ahora quieren incluirlas en su programación? ¿Sentís que existe un apoyo real a los valores del colectivo o que, en ocasiones, responde más a una cuestión de representación o cuota?
Sin duda los valores feministas y queer se han comodificado y convertido en un valor de mercado que suma según qué producto se proponga. A nosotras esto cada vez nos resulta menos relevante, en un mundo hipercapitalista donde todo es monetizable, claro que esto lo iba a acabar siendo también. Lo importante es que, por un motivo u otro, está ganando visibilidad y relevancia. Esto es lo que nos importa y donde podemos actuar; el gigante económico va solo y ahí poco podemos hacer. Sin duda para la mayoría de espacios es más una cuestión de cuota que de auténtico interés, pero sea por lo que sea: que sea. Que estemos. Que se nos oiga. Es lo único que podemos hacer al final.
¿Cuál consideráis que es un "toxic trait" de la escena electrónica queer? ¿Qué creéis que podría cambiar para fortalecer la comunidad y mejorar la escena?
Quizás un toxic trait de la escena electrónica queer sea una cierta inclinación endogámica social, aunque sin duda responde a una protección y tiene muchísimo sentido histórico. Y la sensación de un medidor invisible de "cuán queer eres" como baremo para legitimar estar en un espacio. Todos los espacios nicho en la música tienden a la endogamia social, y los espacios queer no están lejos de librarse.
LATINEO:
¿Qué tipo de espacio estabais buscando crear y no encontrabais en la escena?
Más que buscar algo que faltaba, queríamos construir un espacio que nos apeteciera habitar. Un lugar donde pudieran convivir la música que nos gusta, nuestras experiencias como personas queer y migrantes, nuestras amistades y nuestra forma de entender la fiesta. Un espacio donde encontrarnos, bailar, compartir y sentirnos cómodxs siendo quienes somos. También nos interesaba crear una plataforma para dar visibilidad a talentos latinxs y celebrar nuestra cultura lejos de nuestros países de origen. Muchas veces las comunidades migrantes quedan reducidas a ciertos estereotipos o espacios específicos, y para nosotrxs era importante mostrar la diversidad, creatividad y riqueza cultural que existe dentro de nuestras comunidades.
¿Qué conversaciones creéis que la escena electrónica sigue evitando hoy en día para poder sostenerse económicamente y culturalmente?
Creemos que todavía cuesta hablar de dinero con honestidad. Muchas veces se habla de diversidad, inclusión o comunidad, pero menos de quién puede permitirse organizar eventos, quién tiene acceso a recursos o quién sostiene determinados proyectos con trabajo invisible durante años. También seguimos evitando conversaciones sobre precariedad. Hay muchísima gente sosteniendo escenas enteras desde el agotamiento, especialmente artistas independientes, personas migrantes y colectivos pequeños. /, al mismo tiempo, creemos que es importante reflexionar sobre cuánto valoramos realmente el trabajo cultural. Si queremos escenas más sostenibles, tenemos que acostumbramos a pagar mejor a artistas, técnicxs y trabajadorxs de la cultura. Eso no olo mejora las condiciones de quienes participan, sino que también ayuda a elevar los estándares y la calidad de toda la escena.
¿Como distinguís una colaboración genuina con la industria de una inclusión meramente simbólica?
Para nosotrxs es bastante diferente colaborar con otros colectivos, artistas u organizadorxs independientes y queer que trabajar con clubes, festivales o marcas. Con los primeros suele existir una afinidad natural porque compartimos experiencias, preocupaciones y formas de hacer las cosas. Muchas de nuestras colaboraciones favoritas han nacido simplemente de amistades, conversaciones o encuentros dentro de la propia comunidad. Además, con muchos colectivos los vínculos terminan trascendiendo el proyecto especifico y se convierten en relaciones duraderas. Eso es algo que valoramos muchísimo. Cuando trabajamos con instituciones más grandes, lo importante es que exista un respeto real por las políticas y valores que son importantes para nosotrxs. Si la colaboración nos permite seguir haciendo las cosas a nuestra manera, mejorar las condiciones de trabajo o abrir espacio para más personas y artistas, entonces puede funcionar. Al final, suele notarse rápido cuando alguien quiere apropiarse de un discurso sin realmente estar interesado en construir algo conjunto.
Más allá del mes del Orgullo, ¿qué papel puede (o debe) jugar la fiesta como espacio político y comunitario para las personas queer?
Para muchas personas queer, especialmente migrantes, la fiesta es uno de los primeros lugares donde encuentran amistades, redes de apoyo, referencias culturales o incluso oportunidades laborales. Son espacios donde se construyen vínculos que muchas veces terminan teniendo un impacto muy concreto en la vida cotidiana. También es uno de los pocos lugares donde puedes experimentar otras formas de estar en el mundo. Bailar, encontrarte, enamorarte, compartir música o simplemente existir con tranquilidad puede parecer algo pequeño, pero para muchas personas tiene un valor enorme. Además, la fiesta cumple un papel cultural importante porque convierte la cultura en algo participativo. Son experiencias abiertas y cotidianas donde personas de distintos contextos pueden encontrarse, sentirse parte de una comunidad y construir algo en conjunto. En ese sentido, la cultura deja de ser algo que solo se observa y se transforma en algo que se vive, se comparte y se crea colectivamente.
Vuestra propuesta parte de una mirada política, estética y sonora. ¿Cómo dialogan estas dimensiones cuando diseñáis una fiesta?
Cuando invitamos a alguien no pensamos únicamente en el estilo musical que hace, sino también en la energía que aporta, las comunidades con las que dialoga y las conversaciones que puede abrir dentro de la fiesta. Nos interesa mezclar escenas, generaciones, ciudades y formas distintas de entender la música. Creemos que esa diversidad enriquece la experiencia y genera encuentros que de otra manera quizá no sucederían.
MUSA:
MUSA es un colectivo de personas Queer barcelonés que se creó con la intención de dar una plataforma a artistas principalmente FLINTA de la escena electrónica a través de nuestra fiesta, podcast y sello discografico. Nuestra misión es generar espacios más seguros y ofrecer un refugio donde expresarnos y bailar libres y seguras la música que nos inspira, tomando la noche como nuestra musa.
¿Qué conversaciones sigue evitando la escena?
La más incómoda: el dinero. Hay una opacidad económica muy instalada en la cultura de club que protege siempre a los mismos. Se habla poco de presupuestos, de cachés, de quién cobra y quién no. La cultura del free entry o la entrada barata se romantiza como gesto político, pero muchas veces lo que hace es trasladar el coste a quienes menos pueden asumirlo: los colectivos que sostienen estos espacios con trabajo invisible, sin contrato, sin cotización, por amor al proyecto. Se evita hablar de la brecha entre el booking internacional y los artistas locales y emergentes. Esa jerarquía se reproduce incluso dentro de espacios que se dicen alternativos. Y se evita hablar de lo que cuesta depender de salas y promotores mainstream para sobrevivir: los compromisos en horarios, en sonido, en control creativo que a veces hay que aceptar para simplemente tener un espacio donde existir. Está también el agotamiento de las personas que sostienen todo esto. Esa conversación casi nunca ocurre en público.
Y luego está algo que se nombra todavía menos: la gentrificación del underground. Festivales y marcas que se apropian de la estética queer y FLINTA sin redistribuir, sin ceder poder, sin asumir ningún riesgo. Toman el lenguaje y dejan fuera a las comunidades que lo construyeron.
La fiesta como espacio político y comunitario:
La fiesta queer no empieza en junio ni termina en julio. Para nosotras es una práctica continua, no una fecha en el calendario. Hay algo que ocurre en una pista de baile entre personas que comparten disidencia que es dificil de nombrar pero muy fácil de sentir: una suspensión temporal de la negociación constante que supone existir en el mundo. No tener que justificar tu cuerpo, tu deseo, tu forma de estar. Eso no es un lujo ni es trivial, es político. Y dentro de eso caben cosas muy distintas: la fiesta como celebración y la fiesta como refugio no son lo mismo, y las dos son necesarias. La pista de baile es también una práctica colectiva. Compartir un estado alterado, vulnerabilidad, placer, con personas que no te piden que te expliques: eso construye comunidad de una forma que pocas otras cosas consiguen. El Orgullo comercial ha hecho un trabajo muy eficiente de vaciar de contenido esa visibilidad. Lo que queda es estética sin riesgo. Por eso los espacios autogestionados importan: porque recuperan la fiesta como lugar de refugio, de rabia, de memoria colectiva, de duelo. No solo de euforia. Pero espacio seguro no es una declaración de intenciones, es trabajo. Protocolos reales, accesibilidad pensada, gestión honesta de los conflictos que surgen. Una comunidad no se proclama, se construye cada vez.
¿Cómo dialogan lo político, lo estético y lo sonoro?
El punto de partida para nosotras siempre es la comunidad, quiénes están en la sala, pero eso es inseparable de qué suena. La música no es el fondo, es parte de la propuesta política. Qué artistas programamos, de qué geografías, qué cuerpos están en el booth: esas decisiones construyen un relato antes de que empiece la noche. Cuando diseñamos una fiesta pensamos en cada capa como parte del mismo mensaje. La estética visual, el circulo, los colores, el lenguaje gráfico, no es decoración. El circulo habla de totalidad, de no-jerarquía, de continuidad. Que todos los nombres del flyer tengan el mismo tamaño no es un detalle: es una postura sobre cómo entendemos el valor artístico y la visibilidad. Hay un momento que para nosotras lo resume todo: el speech en la entrada. Las personas que te reciben antes de entrar no solo te dan la bienvenida, te explican qué espacio es ese, qué se espera de quienes están dentro, cómo cuidarse mutuamente. Esa pequeña práctica cambia la calidad de lo que ocurre después. Y los horarios largos son también una decisión consciente. No queremos una fiesta de consumo rápido. Queremos que haya tiempo para conectar, para hablar, para que las cosas sucedan sin prisa. El tiempo es parte del diseño. Lo político no lo anunciamos. Intentamos encarnario en cada decisión: en cómo tratamos a los artistas, al público, al equipo. Ahi es donde se nota si algo es real o solo es estética.
