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La Voz de la Industria: Juan Arnau

Con más de 150 años de historia familiar ligados al entretenimiento, Juan Arnau reflexiona sobre el cambio generacional, el aumento de los costes y la necesidad de transformar el modelo de los eventos musicales

  • Juanma Molina
  • 20 October 2026
La Voz de la Industria: Juan Arnau

La trayectoria de Juan Arnau en la música electrónica está estrechamente ligada a su historia familiar. Creció en una familia vinculada a este sector, con Florida 135 y Monegros como parte de su entorno desde la infancia. «En nuestra casa nunca hemos tenido hobbies; siempre hemos vivido rodeados del entretenimiento, la música electrónica, las tendencias internacionales o las modas que surgían en otros países», recuerda. Tras terminar la universidad, regresó a Barcelona en 2008 para trabajar a tiempo completo en Monegros, Florida 135 y Row14, el proyecto que acabaría transformándose en elrow en 2010.

Esa trayectoria familiar ha marcado su manera de entender el negocio. Más allá de los escenarios, los artistas y las cifras de asistencia, Arnau sitúa la capacidad de generar felicidad y buenos recuerdos en el centro de su trabajo. Una filosofía que también aplica a la evolución de sus proyectos: crecer sin renunciar a los valores que los definieron desde el principio. Para conseguirlo, considera fundamental mantener una relación cercana con el público y construir equipos comprometidos. La historia de su familia, con más de 150 años dedicados al entretenimiento, sigue especialmente presente en Monegros, donde el vínculo con el desierto forma parte de la identidad del festival.

En el caso de elrow, la expansión internacional ha exigido trasladar esa identidad a públicos y mercados diferentes. Arnau explica que conocer cada territorio requiere viajar, asistir a los shows y escuchar a quienes participan en ellos. Aunque reconoce que los gustos musicales varían entre países, sostiene que las motivaciones de las nuevas generaciones tienen mucho en común: divertirse, desconectar de la rutina, socializar y sentirse libres. De ahí que defienda una propuesta que no dependa exclusivamente de la programación artística, sino de todo lo que sucede alrededor de la música.

«La experiencia lo es todo», afirma. Desde su perspectiva, una de las limitaciones de la industria durante las últimas décadas ha sido dar demasiado protagonismo a los nombres del cartel, confiando en que la presencia de determinados DJs sea suficiente para atraer al público. Frente a ese modelo, la familia Arnau ha apostado por la creatividad y por desarrollar experiencias capaces de generar recuerdos duraderos. La música sigue siendo fundamental, pero debe convivir con otros elementos que aporten valor y diferencien cada evento. Una visión que también se refleja en Monegros, un festival que ha buscado adaptarse a nuevas generaciones sin perder su conexión histórica con el desierto. Para Arnau, su continuidad depende tanto del legado como de la capacidad de evolucionar: «La clave no es vender entradas, sino crear nuevos fans cada año».

Sin embargo, mantener esa ambición creativa resulta cada vez más complicado. Arnau señala el aumento de los costes de producción y de los cachés artísticos como dos de los principales problemas del sector. Según explica, los cachés se han duplicado o incluso triplicado en los últimos cinco años, mientras que el precio de las entradas no puede aumentar al mismo ritmo sin tener en cuenta la capacidad económica de un público mayoritariamente joven. A ello se suma una mayor competencia entre eventos y un modelo de negocio que, en su opinión, muestra signos de agotamiento.

La situación obliga a revisar los presupuestos y a decidir hasta dónde puede llegar cada proyecto sin comprometer su viabilidad. En ocasiones, esto implica renunciar a artistas, reducir propuestas creativas o descartar ideas que no encajan con los recursos disponibles. Arnau considera que el cambio también está relacionado con los hábitos de las nuevas generaciones, que seleccionan más sus salidas, consumen música de otra manera y disponen de menos dinero para el ocio. Por eso, anticipa una etapa especialmente difícil para los promotores y advierte de que muchas marcas tendrán que transformar sus modelos de negocio para mantenerse.

Ante este escenario, su mirada hacia el futuro vuelve a situar la creatividad en primer plano. Para quienes comienzan a organizar fiestas, recomienda pensar más allá del cartel y preguntarse qué pueden ofrecer que no exista ya. El espacio, el sonido, la comunicación con la comunidad y la historia que construye cada evento forman parte de una experiencia que empieza mucho antes de que suene el primer tema. Arnau prevé entre diez y quince años de grandes transformaciones para la industria y asume que no todos los proyectos conseguirán adaptarse. Su conclusión, sin embargo, no es renunciar a la ambición, sino encontrar nuevas formas de desarrollarla: «La imaginación es más importante que el conocimiento».

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