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Future Electronics: el proyecto que quiere volver a proyectar Girona hacia el mapa internacional de la electrónica

Sus responsables hablan de una estructura que conecta eventos, labely representación de artistas a partir de una misma línea artística.

  • Juanma Molina
  • 5 November 2026
Future Electronics: el proyecto que quiere volver a proyectar Girona hacia el mapa internacional de la electrónica

Más allá de un club, una estructura pensada para conectar diferentes dimensiones de la música electrónica. Hablamos con CRŪ y Future Electronics sobre su filosofía, el desarrollo de un nuevo ecosistema cultural y su apuesta por volver a situar Girona en el mapa de la electrónica de vanguardia.

Más allá de un club, una estructura pensada para conectar diferentes dimensiones de la música electrónica. Hablamos con CRŪ y Future Electronics sobre su filosofía, el desarrollo de un nuevo ecosistema cultural y su apuesta por volver a situar Girona en el mapa de la electrónica de vanguardia.
CRŪ nace con una intención que parece ir más allá de abrir un nuevo espacio dedicado al techno. ¿Qué necesidad detectasteis en la escena electrónica de Girona y qué filosofía queríais trasladar al proyecto desde el principio?

Más que partir de una carencia, partimos de una convicción: un proyecto que inicialmente habíamos concebido para Alemania también podía tener sentido en Girona. Aquí hay interés por la música electrónica, memoria de club y un tejido cultural con el que merece la pena conectar. Proyectos como EUMES o La Marfà, desde la formación y el apoyo a la creación, y promotores como Delirium o Sons al Parc son ejemplos de esa actividad.

No llegamos con la idea de descubrirle la electrónica a nadie. Queremos sumar una propuesta con una identidad artística clara, una producción cuidada y vocación de continuidad. CRŪ nace de una manera muy concreta de entender el techno: música con profundidad, carácter y capacidad de generar una experiencia colectiva.

Nos interesa construir una relación duradera entre artistas, público y territorio. Una buena noche puede ser memorable; una sucesión de buenas noches, con criterio y coherencia, puede contribuir a crear una escena.

CRŪ es también el punto de partida de Future Electronics, una plataforma que engloba diferentes áreas de actividad. ¿En qué momento surge la idea de desarrollar una estructura de estas características y qué objetivos persigue?
Future Electronics se empieza a gestar en Alemania, donde yo, Sergio, residía hasta principios de 2025. Después de muchos años trabajando en la industria, entiendes que una parte importante de las dificultades aparece en las conexiones: entre la creación y la publicación, entre un lanzamiento y su difusión, o entre el desarrollo de un artista y sus oportunidades de actuar.

La idea surge de querer trabajar esas conexiones de forma coherente. Un sello puede descubrir una propuesta extraordinaria, pero esa música necesita circulación, contexto y espacios donde encontrarse con el público. Del mismo modo, un evento adquiere otra profundidad cuando forma parte de un trabajo artístico que continúa antes y después de abrir las puertas.

Nuestro objetivo es construir una estructura que permita acompañar esos procesos, compartir recursos y desarrollar una visión a largo plazo. El reto consiste en que cada área tenga sentido por sí misma y, al mismo tiempo, contribuya al crecimiento de las demás.

Future Electronics articula su actividad a través de cinco divisiones: 30D Records, CRŪ, GIЯ Festival, FE Bookings y NRPR. ¿Qué función cumple cada una y cómo se complementan para construir un ecosistema cultural alrededor de la música electrónica?
Cada división trabaja una parte del recorrido de la música y de los artistas. 30D Records es el espacio editorial: selección, publicación y construcción de un catálogo con identidad. CRŪ traslada esa sensibilidad al encuentro con el público mediante eventos donde la programación, el sonido y las condiciones de escucha forman parte de una misma propuesta.

FE Bookings se ocupa de la contratación y del desarrollo de oportunidades para los artistas. Nos interesa que las actuaciones contribuyan a construir una trayectoria coherente. NRPR trabaja la comunicación y las relaciones con los medios, dando contexto y visibilidad a la música y a los proyectos.

GIЯ Festival representa la posibilidad de desarrollar esa visión a una escala más amplia, con una programación que permita establecer conexiones entre propuestas artísticas y territorio.

Lo que une las cinco áreas es el criterio. La estructura tiene valor si permite que una buena propuesta musical encuentre apoyo, recorrido y público, manteniendo su singularidad.

Girona cuenta con una trayectoria vinculada a la cultura electrónica y a diferentes movimientos musicales de vanguardia. ¿Qué papel ha tenido ese legado en vuestra visión y cómo os gustaría contribuir a su evolución?
Ese legado forma parte de nuestra propia historia. A finales de los noventa y principios de los dos mil participábamos activamente en la escena de Girona. Lugares como Blau, La Sala del Cel o Rachdingue fueron fundamentales en nuestra educación musical y en nuestra manera de entender lo que puede significar un club.

Con los años, una parte de aquel circuito perdió continuidad. Pero permanecieron la memoria, la sensibilidad y un público que sigue teniendo curiosidad. Nos interesa trabajar a partir de esa base y conectar con nuevas generaciones, que tienen sus propios códigos y también mucho que aportar.

Para que eso tenga recorrido, debemos hablar de profesionalización. Una escena se sostiene con creatividad, pero también remunerando el trabajo, cuidando las condiciones técnicas y asumiendo las obligaciones que corresponden a cada actividad.

Y ahí aparece una contradicción bastante típica en este sector, por desgracia: el autoproclamado gurú del underground que reivindica la cultura con enorme solemnidad, pero considera que licencias, derechos de autor y demás obligaciones son asuntos que deben pagar los otros. Tiene cierta ironía defender tanto el valor de la música y mostrar tan poco entusiasmo cuando toca asumir su coste. Quienes trabajamos profesionalmente incorporamos a nuestros presupuestos partidas como los pagos a SGAE que corresponden a nuestros eventos; el discurso alternativo no debería funcionar como una exención a la carta.

Hay iniciativas independientes que trabajan con un rigor admirable y recursos muy limitados. Ese compromiso merece reconocimiento; pretender que los demás te paguen tu fiesta infinita, no. Nuestra aportación quiere ir precisamente en esa dirección: sumar criterio, continuidad y conexiones con otras escenas, como Barcelona o Lyon, para ampliar las oportunidades del territorio.

Durante años, buena parte de la atención de la industria electrónica se ha concentrado en ciudades como Barcelona, Madrid, Berlín o Londres. ¿Creéis que existe una oportunidad real para descentralizar la escena y construir nuevos referentes internacionales desde territorios como Girona?
Sí, siempre que descentralizar signifique construir una propuesta propia. Intentar reproducir a pequeña escala lo que sucede en una gran capital suele aportar poco. Lo interesante es preguntarse qué puede ofrecer Girona desde su contexto, su comunidad y su manera de hacer las cosas.

Las grandes ciudades concentran talento, infraestructuras y visibilidad, pero también soportan presiones económicas que pueden reducir el margen para experimentar. Eso abre oportunidades para otros territorios capaces de ofrecer continuidad, condiciones de trabajo cuidadas y una identidad reconocible.

La historia de la electrónica demuestra hasta qué punto una escena local puede alcanzar una influencia mucho mayor que su dimensión geográfica. Lo decisivo es que haya personas dispuestas a sostenerla y una comunidad que la haga suya.

Girona tiene argumentos para desarrollar ese camino. El reconocimiento internacional sería una consecuencia de hacer bien ese trabajo: programar con criterio, apoyar la creación y conseguir que artistas y público encuentren aquí algo por lo que merezca la pena volver.

Vuestra visión de la electrónica parece alejarse de una concepción exclusivamente vinculada al ocio nocturno. ¿Cómo entendéis su dimensión cultural y artística, y qué papel pueden desempeñar la tecnología, el arte audiovisual y la experimentación en ese desarrollo?
Para nosotros, la pista de baile ya es un espacio cultural. Allí se comparten lenguajes musicales, se descubren formas de escuchar y se generan vínculos entre personas que quizá no coincidirían en ningún otro contexto. El disfrute y la profundidad artística pueden convivir perfectamente.

La electrónica, además, tiene una relación muy particular con la tecnología: las herramientas intervienen en la composición y también en la manera de imaginar la música. Trabajar con síntesis, procesos generativos o nuevas formas de interpretar en directo permite explorar territorios expresivos distintos.

El arte audiovisual, el diseño de iluminación o el trabajo con el espacio pueden ampliar esa experiencia cuando existe una relación real con el sonido. Nos interesa que cada elemento tenga una intención artística y contribuya a lo que se quiere comunicar.

Desde Future Electronics queremos dar espacio a esa curiosidad. La experimentación necesita contextos donde los artistas puedan asumir riesgos y donde el público tenga la oportunidad de descubrir algo que no esperaba. Una cultura musical mantiene su vitalidad cuando sigue siendo capaz de sorprender.

En CRŪ habéis apostado por elementos como las sesiones de larga duración, los sistemas de sonido especializados y una mayor proximidad entre artistas y público. ¿Qué aspectos del modelo tradicional de club consideráis necesario replantear para ofrecer experiencias más centradas en la música?
La pregunta fundamental es qué condiciones necesita la música para desplegarse. Una sesión larga permite desarrollar un relato, modular la intensidad y explorar matices que a veces quedan fuera de los formatos más breves. Un sistema de sonido bien ajustado permite percibir esa riqueza durante horas. Y la proximidad entre artista y público favorece un intercambio que tiene mucho que ver con la esencia del club.

Para nosotros, esas decisiones deben tener una función concreta en la experiencia. La calidad de una noche depende tanto del cartel como de todo lo que permite que ese cartel tenga sentido.

También es importante escuchar. El público tiene cada vez más referencias y criterio sobre sonido, artistas y producción. El formato que planteamos para el primer evento ya evolucionó en el segundo y seguirá haciéndolo.

Una identidad sólida se construye manteniendo una dirección artística clara y siendo flexible en la forma de desarrollarla. Ese diálogo con el público requiere tiempo, atención y voluntad de mejorar en cada edición.

La programación de CRŪ ha contado con figuras como Luke Slater y Speedy J. ¿Qué importancia tiene trabajar con artistas que representan distintas generaciones de la electrónica y cómo contribuyen estas colaboraciones a definir vuestra identidad artística?
Artistas como Luke Slater o Speedy J aportan una trayectoria fundamental, pero también una relación con el techno que sigue siendo relevante en el presente. Nos interesa esa combinación de experiencia, personalidad y capacidad de evolución. Su presencia permite expresar con claridad el nivel de exigencia y la sensibilidad musical de CRŪ.

Además, esos encuentros ayudan a construir confianza. Alguien puede venir por un nombre que conoce y descubrir una forma de programar, un sonido o un ambiente con el que conecta. A partir de ahí se abre un espacio para presentar artistas menos conocidos, cruzar generaciones y asumir mayores riesgos.

Nuestra ambición es que, dentro de dos años, una parte del público decida venir a CRŪ incluso antes de conocer el cartel, porque confía en nuestro criterio y sabe que va a descubrir música que merece su atención.

Ese sería un logro importante: convertir la atracción por un artista concreto en curiosidad por toda una propuesta.

Mirando hacia los próximos años, ¿cuáles son los siguientes pasos para Future Electronics? ¿Qué papel tendrá GIЯ Festival dentro de la plataforma y qué os gustaría haber conseguido para que Girona se consolide como un punto de referencia internacional para la electrónica de vanguardia?
La prioridad es consolidar la base: dar continuidad a CRŪ, desarrollar el trabajo editorial de 30D Records y hacer crecer las áreas de contratación y comunicación con una dirección compartida. Queremos que el crecimiento responda a la capacidad real de cuidar cada proyecto y de sostenerlo en el tiempo.

GIЯ Festival está concebido como un punto de encuentro de esa visión. El formato festival permite desarrollar un discurso artístico más amplio, relacionar propuestas y generar un vínculo con el territorio que trascienda una única noche. Su sentido dentro de Future Electronics será dar una expresión conjunta a ese trabajo y abrirlo a nuevos públicos.

A largo plazo, nos gustaría que hubiera más oportunidades para los artistas vinculados a Girona, más intercambio con otras escenas y una comunidad que sintiera estos proyectos como propios. También que un público de fuera encontrara aquí una razón musical y cultural para desplazarse.

El reconocimiento internacional tendrá valor si deja algo duradero en la ciudad. La medida del éxito será lo que hayamos ayudado a construir entre una edición y la siguiente: trayectorias, colaboraciones, público y ganas de seguir explorando.

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