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Entrevistamos a Luciano

"Si dejas la música en el centro de todo, todo está bien"

  • Juanma Molina
  • 23 July 2026
Entrevistamos a Luciano

Uno de los DJs y productores más respetados de la música electrónica global, el artista chileno repasa en esta entrevista para Mixmag una trayectoria marcada por la constancia y el equilibrio construido tras décadas de giras. Habla sobre el papel de las redes sociales y los teléfonos en las pistas de baile, sobre la profunda conexión que mantiene con España, el país donde nacieron sus hijos y que siempre ha sentido como su segundo hogar, y sobre su particular relación con Ibiza. También reflexiona sobre el crecimiento de la escena latinoamericana y el legado que le gustaría dejar dentro de la cultura del baile.

Hola Luciano, ¿Qué tal estás? Un placer tenerte en este número de junio de Mixmag. ¿Cómo afrontas este verano?
Muy bien. Aquí en Ibiza, viajando mucho, pero con la cabeza fría, intentando dar siempre lo mejor de mí y, sobre todo, encontrar un equilibrio. Eso es algo que he trabajado mucho durante los últimos años: saber decir que sí y saber decir que no, no coger demasiadas fechas para poder disfrutar cada una de ellas, llegar descansado y no convertirme en un robot. Es un balance que solo consigues después de muchos años de experiencia.

Después de tantos años de carrera, ¿qué aspectos de la música o de la cultura de club siguen inspirándote o motivándote a día de hoy?
Lo que realmente me sigue motivando es la música. Nunca hay que olvidarse de ella ni quitarle el protagonismo que tiene, porque es lo que todavía me hace vibrar. La escena ha cambiado muchísimo: han llegado las redes sociales, las pantallas, toda esa necesidad de que cada momento quede grabado para que todo el mundo lo filme, y muchas veces se olvida cuál es el lenguaje principal y cuál es la verdadera motivación de todo esto: la música. Si dejas la música en el centro de todo, todo está bien.
La música tiene algo mágico: una belleza enorme, una energía muy especial. El baile también es algo precioso, una cultura antiquísima que existe prácticamente desde la época del Neandertal y que sigue viva hoy en día. Eso es algo verdaderamente único.

Has vivido distintas generaciones dentro de la escena. ¿Qué diferencias encuentras entre el público de hoy y el de tus primeros años como DJ?
La única diferencia que realmente veo es que yo me estoy haciendo más viejo. El mundo evoluciona, llega gente más joven y yo soy el que tiene más años, pero no creo que sea tanto el público el que haya cambiado. Creo que la responsabilidad está mucho más en los promotores, en los DJs y en todos los que construyen la escena.

Ahora veo muchas iniciativas que hablan de prohibir los teléfonos en las fiestas, y sinceramente me parece una tontería. Nosotros venimos precisamente de luchar contra la prohibición, así que no hace falta prohibir nada. Cuando dejas que la música sea el centro de la experiencia, no hace falta decirle a la gente que no saque el teléfono.

He vivido fiestas donde desaparece todo lo innecesario y solo queda la música. Cuando eso ocurre, y cuando hay un buen DJ o un buen productor capaz de sostener ese momento, la gente simplemente baila. No siente la necesidad de grabarlo todo; quizá saque el móvil para identificar un tema o guardar una canción, pero nada más.

El problema aparece cuando conviertes la fiesta en otra cosa, cuando montas un espectáculo enorme de pantallas, efectos y estímulos visuales, porque le estás diciendo al público —y especialmente a los más jóvenes— que mire hacia otro lado, que la música ya no es lo importante. Ahí es donde entra toda esa cultura de las redes sociales, de TikTok, de tener que demostrar constantemente dónde estás o qué estás viviendo.
Pero eso no es culpa de los jóvenes: ellos consumen lo que nosotros les servimos. Por eso la responsabilidad es nuestra. Nosotros tuvimos la suerte de vivir una época maravillosa, pero no porque antes fuera mejor; antes era igual que ahora. Lo importante no es cuándo ocurrió, sino qué decides poner sobre la mesa.

La responsabilidad está en quienes venden los conciertos, en quienes programan los festivales y en quienes eligen a los artistas. Dejad de mirar cuántos seguidores tiene un DJ en redes sociales y empezad a fijaros en la música que pone. Esa es la esencia que hoy nos hace falta recuperar.

Has trabajado con sonidos muy distintos sin perder nunca tu identidad. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre evolución y coherencia artística?
Nunca me he hecho esa pregunta. Simplemente nunca he dejado de hacer lo que hago. Siempre me he sentido muy responsable y muy agradecido por la suerte que tengo: primero, por poder dedicarme a algo que amo, y segundo, porque con casi cincuenta años sigo viviendo de la música, que es lo que he hecho toda mi vida. Eso me permite tener una familia, tener una vida muy bonita y sentir que estoy al servicio de la gente.

Como DJ intento seguir atento, leer las pistas de baile cada fin de semana, entender cómo evoluciona el sonido y asumir esa responsabilidad. En cambio, cuando produzco música, soy mucho más egoísta: ahí realmente me da igual si a la gente le gusta o no. Lo único que me importa es hacer algo que me haga vibrar a mí, algo que me haga feliz.

La escena latinoamericana atraviesa un momento de gran visibilidad internacional. Como artista con raíces chilenas y una trayectoria global, ¿cómo observas ese crecimiento?
Yo viví esa transición entre los años noventa y los dos mil. Empecé desde la escena de Chile y fui dejando huellas, digamos, en todo lo que fue pasando allí. Vi nacer una escuela de gente ultratalentosa, y luego otra generación también súper talentosa.

Me hace muy feliz ver todo eso porque, además, creo que es uno de los públicos más divertidos que existen para ir a bailar: Perú, Colombia, Venezuela, Bolivia, Argentina, Brasil, Chile, también Costa Rica... Son lugares donde la pista de baile tiene algo muy especial, algo que creo que viene de una cultura del baile que existe desde mucho antes incluso que la música electrónica: hay algo muy profundo que ocurre ahí. Y ver ahora todos estos productores increíbles que están saliendo de todos esos países realmente me calienta el corazón.

Cuando miras la escena actual, ¿qué artistas o movimientos te generan curiosidad o ilusión?Ahora mismo estoy muy centrado en mis sellos. Tengo cinco sellos ahora. Los he ido creando de una manera muy discreta, porque me estaba llegando demasiada música buena y ya no tenía suficiente capacidad de salida con un solo sello, así que decidí crear varios, cada uno con una filosofía distinta y con diferentes estilos de música. Y la verdad es que hay tantísima gente talentosa haciendo música... realmente impresionante.

Mirando hacia atrás, ¿hay alguna etapa concreta de tu carrera que sientas especialmente decisiva para convertirte en el artista que eres hoy?
Yo creo que no fue una sola cosa. Fueron muchísimas cosas, pero la principal fue la constancia. Nunca dejé de hacerlo. Nunca dejé que un "no" me frenara. Nunca fue algo que me cuestionara demasiado: simplemente sentía que había algo dentro de mí capaz de transformar una energía en otra a través de la música.

Desde muy joven sentí que tenía una conexión muy natural con ella y que era capaz de transmitir eso a la gente. Entonces pensé: "Bueno, puede que esto funcione porque se siente sincero, se siente natural. No tengo que pensarlo demasiado, ni estudiarlo. Me sale de forma completamente natural." Y, a partir de ahí, fue simplemente repetirlo una y otra vez. Todos los días. Toda mi vida.

Siempre se lo digo también a mis hijos: desde los quince o dieciséis años nunca más me volví a preguntar qué quería ser en mi vida. Lo tuve clarísimo.

Este verano volverás a encontrarte con el público español en Brunch Electronik Barcelona. ¿Cómo afrontas esta fecha?
Primero que nada, muy contento. Barcelona representa una parte enorme de mi carrera, de mi historia y también de mi corazón. Mis hijos nacieron allí. Es una ciudad de la que me fui con una enorme pinchazón en el corazón. Realmente era una ciudad donde me veía envejeciendo, me imaginaba pasando allí toda mi vida, pero hubo circunstancias complicadas y al final no supe cómo seguir allí.

Cada vez que vuelvo siento una conexión muy fuerte con el público y con la gente. Me encanta estar en España. Tengo dos hijos nacidos aquí y mi madre también tuvo una etapa viviendo aquí, así que para mí España siempre ha sido lo más cercano a aquello que dejé cuando salí de Sudamérica. Estoy muy contento y con muchísimas ganas de volver. La verdad es que ya no puedo esperar a que llegue la fecha.

En eventos tan característicos como Brunch Electronik Festival, donde convive un público muy heterogéneo, ¿cómo te gusta sorprender a la gente desde la cabina?
Hay una cosa que llevo pensando desde hace muchísimos años. Ya cuando hacía fiestas en Friends, aquí en Ibiza, antes incluso de Ushuaïa y de todo eso, siempre sentí que las fiestas de día tienen algo especial. Tienen una magia distinta: la música suena diferente, tiene más melodía, más color, y la gente también se comporta de otra manera.

Hay algo muy bonito en tocar por la tarde, en esos momentos donde todavía hay luz o está cayendo el sol. Siempre me ha parecido un contexto muy especial y por eso disfruto muchísimo actuando en eventos así.

¿Qué sensación te gustaría que el público se llevará después de verte en Brunch Electronik Festival?
(Risas) Que se vaya contento, que se vaya alegre, que se vaya más liviano. Eso es lo que me gustaría: que sienta que vino a pasar un buen momento, que hizo amigos, que disfrutó con la gente con la que vino, con su novio, con su novia, con quien sea, pero que se vaya con el corazón alegre.

Eres un artista especialmente querido en España y eso se refleja en la cantidad de fechas que mantienes aquí año tras año. ¿Qué conexión sientes con el público español para que esa relación siga siendo tan fuerte después de tanto tiempo?
Es como te decía antes: España es lo más cercano a lo que dejé atrás cuando me fui de Sudamérica, siempre ha sido como mi casa. Además compartimos el idioma y eso crea una conexión muy especial con la gente. Cada vez que vengo siento que el público conecta mucho conmigo y, por suerte, siempre me siguen llamando y siempre tengo la oportunidad de volver y de disfrutar de todo lo que significa tocar aquí.

También mantienes una conexión muy especial con Ibiza. ¿Cómo ves la isla en la actualidad y cómo ha cambiado tu relación con ella con el paso de los años?
Mi relación con Ibiza nunca ha cambiado. Nunca. La isla sigue siendo un pedacito de roca con playas maravillosas, con atardeceres increíbles y con gente muy linda. Ibiza sigue siendo Ibiza para mí. Lo que ha cambiado soy yo, que me he hecho más viejo, y eso me ha permitido observar muchas más cosas.
He visto cómo la isla se ha vuelto mucho más rica, mucho más cara y también mucho más restrictiva. Ha dejado de ser tan libre en muchos aspectos, y eso también ha generado frustración y ha dado mucho poder a determinadas personas que se han apropiado de ciertos espacios y que traen propuestas diferentes, con un público distinto.

Hoy en día es un negocio enorme. Hay mucha gente intentando construir auténticos imperios alrededor de la isla y todos están luchando por conseguir más, por controlar más, por tener más. Eso siempre ha existido, pero ahora ocurre con una dimensión muchísimo mayor. Lo único que realmente me da un poco de tristeza es ver cómo, a medida que estas grandes estructuras han ido creciendo y queriendo controlarlo todo, la isla ha ido perdiendo parte de esa libertad que tenía. Ese es probablemente el cambio más importante que he visto durante todos estos años.
También está toda esta cultura del VIP, y quiero dejar claro que a mí no me molestan las mesas VIP ni tengo ningún problema con ellas. Pero un club tiene que asumir una responsabilidad: si la pista de baile no está viva, si la gente no está disfrutando, entonces el negocio de las mesas tampoco funciona, porque quienes pagan una mesa quieren ver una pista llena de gente pasándolo bien.

La pista de baile es el corazón de todo. La cultura del baile es el corazón de todo. Hay que dejar de poner tanta pantalla, tanto espectáculo y tantas distracciones, y volver a poner la música en el centro. Eso es lo principal, eso es lo que hace vivir una pista de baile. Cuando entiendes eso, todo el ecosistema funciona. No hay que olvidarse nunca del ecosistema. Por favor.

¿Recuerdas cuándo fue la primera vez que actuaste en España? ¿Qué sensaciones te dejó aquel primer contacto con el público español y cómo percibes la evolución de la escena desde entonces?
Sí, claro que me acuerdo. La primera vez que toqué en España fue en Barcelona, creo que en 1997. Era un sitio del que ya ni siquiera recuerdo el nombre, un bar con una pista muy pequeñita que estaba en el paseo marítimo. Cuando bajas por Las Ramblas hacia el puerto y giras a la izquierda, entre las primeras rotondas del paseo había un local allí. Fue ahí donde actué por primera vez.

Le tengo un cariño muy especial a Barcelona. Recuerdo que allí conocí a muchos amigos con los que todavía sigo teniendo contacto hoy en día. Tengo recuerdos muy bonitos de aquella época.

¿Qué tipo de legado te gustaría dejar dentro de la música electrónica cuando mires todo tu recorrido con perspectiva?
Creo que lo más importante para mí sería haber inspirado a las nuevas generaciones. Me gustaría dejar un legado honesto, un legado que inspire a quienes vienen detrás. Pero un legado de música, no un legado de imagen, no un legado basado en la apariencia o en otras cosas. Me gustaría dejar un legado de sonido, algo que realmente haya inspirado a una nueva generación y que permita que todo esto siga caminando.

Este próximo sábado 8 de agosto podrás disfrutar de Luciano en Brunch Electronik Festival. Más información aquí.

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