Entrevistamos a Hitch
“¿Lo que sigue igual? La necesidad humana de conectar en una pista de baile y el instinto de encontrar música que te mueva el alma. Han cambiado el tablero, las fichas y las reglas de juego, pero la esencia sigue siendo la misma."
Pocas trayectorias resumen tan bien la evolución de la música electrónica en España como la de Eduard Clarà, mejor conocido como Hitch. DJ desde mediados de los 90, ha sido también promotor, vendedor de discos, redactor en medios especializados, responsable de comunicación y marketing, y dueño del sello discográfico Yakazi Music. Ha trabajado en Space Ibiza, Privilege, Deejay, Vicious Magazine y Fact Worldwide, entre otros, y hoy forma parte del holding Thank You, que gestiona espacios como Input, Output, Les Enfants, SeaSea Club, Bikini, Opposite, Sunsea Bar, Selva Club, entre otros.
Su sonido, marcado por la sobriedad y la mente abierta, tiene sus raíces en el techno y el house más clásicos, pero rehúye las etiquetas. Entre Barcelona, Reino Unido e Ibiza, Hitch ha construido una carrera que no se entiende solo desde la cabina, sino desde todas las capas que sostienen una industria: la producción, la gestión, la comunicación y la programación.
Charlamos con él sobre esa mirada 360º, sobre lo que ha cambiado (y lo que no) en treinta años de industria, y sobre su rol actual dentro de uno de los holdings de ocio nocturno más importantes del país.
Has estado en casi todos los lados de la industria: cabina, discográfica, comunicación, prensa, promoción… ¿Cómo se construye una mirada así de completa? ¿Sientes que cada faceta te ha dado herramientas para las otras?
La verdad que en ningún momento fue intencionado. Esta conjunción ha sido fruto de un proceso evolutivo natural. Uno va forjando su propio camino desde abajo y paso a paso; y ello es lo que hace que vayas adquiriendo conocimientos y experiencia en distintos ámbitos de la industria musical.
Sin lugar a dudas cada faceta nutre a las otras y viceversa. Te ayuda a tener una visión más completa y objetiva.
Estudiaste derecho antes de entrar en la música. ¿Qué papel crees que jugó esa formación en cómo terminaste gestionando negocios y equipos dentro de la industria?
Ninguno!
XDDDD
Si bien es cierto que estudiar te permite tener una cierta disciplina y constancia. Y eso aplicado al ámbito laboral puede ser de gran ayuda.
Entraste en esto a mediados de los 90. ¿Qué es lo que más ha cambiado en la industria musical desde entonces, y qué es lo que, para bien o para mal, sigue igual?
Muchas cosas han cambiado. Hemos pasado de una industria de nicho y de distribución física, en la que la música se descubría en las tiendas de discos y en las pistas de baile, a un ecosistema global e hiperprofesionalizado, dominado por las redes y el algoritmo. Hemos pasado de la verdadera cultura de club a la cultura del entretenimiento.
No obstante, no deberíamos caer en la nostalgia ni deberíamos juzgar si los cambios han sido a mejor o a peor. En toda época, así como en cualquier proceso evolutivo, hay cosas positivas y cosas negativas. Por mucho que nos pese, debemos intentar interpretar de la mejor forma posible el paso del tiempo y los cambios que se producen. Además, analizar tiempos pasados con la mirada actual hace que pierdas un poco la perspectiva de la realidad actual ya que tendemos a idealizar siempre los recuerdos y memorias.
¿Lo que sigue igual? La necesidad humana de conectar en una pista de baile y el instinto de encontrar música que te mueva el alma. Han cambiado el tablero, las fichas y las reglas de juego, pero la esencia sigue siendo la misma.
Has vivido en Barcelona, Reino Unido e Ibiza. ¿Cómo influyó cada una de esas escenas en tu forma de entender la música y de pinchar?
Han influido mucho. Las vivencias adquiridas en las distintas ciudades en las que he vivido me han ayudado a lo largo de estos años a construir un criterio musical propio.
Antes de la era de la globalización cada territorio tenía sus peculiaridades y características, tanto en tendencias musicales como en pautas de comportamiento de la comunidad clubber. Existía una cierta variedad, identidad local y riqueza cultural. Con la llegada de las redes sociales la industria se ha ido homogeneizando cada vez más y ha provocado la pérdida de la identidad territorial.
En el plano musical por ejemplo, en los años 90 cada pista de baile de cada ciudad tenía sus propias reglas. Los DJs buscábamos discos únicos que nadie más tenía. Había que adaptarse al público de cada ciudad y de cada club. En cambio, a día de hoy, la inmediatez digital ha democratizado el acceso a esa música y se ha cargado por completo la originalidad, el factor sorpresa y la identidad local. No digo que sea mejor o peor; simplemente ha cambiado radicalmente.
Tienes un sello discográfico, Yakazi Music, que prensa en vinilo y que ahora mismo está parado por falta de tiempo. ¿Qué representa el vinilo para ti hoy, en una industria cada vez más digital?
Es mi medio de expresión más natural en cabina. He tocado en vinilo desde que empecé a poner discos a mediados de los 90. Para mí, no es una cuestión de modas o tendencias, ni supone una limitación o sobreesfuerzo.
A mí, personalmente, este formato me aporta una “conexión física” con la música que el digital no me da. Además, le doy mucho valor al proceso de selección que hay detrás. Cuando tocas con vinilo, tu maleta tiene un límite de espacio. Eso te obliga a elegir cada track con un criterio muy estricto. Aparte del elevado coste que supone comprar música.
Sin embargo, tocar con vinilo no te hace ser mejor dj. Creo que cada uno debe tocar con el formato con el que mejor se exprese. Hay que respetarlo. La tecnología actual ofrece mucha diversidad y herramientas sólidas y creativas que son totalmente válidas.
Al final, gran parte de la audiencia que sale de fiesta no está pendiente de si pinchas a tres platos, con un ordenador, con CD o tocas la trompeta con la nariz. La gente sale para pasarlo bien y para conectar con la energía de la pista, y no tiene por qué valorar mejor o peor las sesiones en función del formato que el dj usa en cabina. Lo que realmente importa es la narrativa, el ritmo y lo que logras transmitir.
Ahora trabajas para el grupo empresarial que gestiona Input, Output, Les Enfants o Bikini, entre muchos otros clubes y espacios ¿Cómo es pasar de la cabina y la producción a la gestión de un holding con tantos clubs bajo un mismo paraguas?
Es importante aclarar que no soy yo quien gestiona todos estos clubes. Cada uno tiene uno o varios responsables directos y entre todos formamos un equipo que no entiende de roles. Yo soy uno más de este equipo humano muy implicado y comprometido, que ama lo que hace. Nos apoyamos constantemente entre todos para tomar las mejores decisiones.
Con los años he aprendido que las decisiones consensuadas suelen ser más acertadas que las decisiones unilaterales. Además, este ejercicio mejora notablemente la comunicación interna y cohesiona los equipos de trabajo.
Respecto al cambio de rol, combinar mi faceta artística con estas funciones de gestión no supone ningún tipo de impedimento; al contrario, ¡me encanta! Al final, llevar tantos años en cabina y en el estudio te da una perspectiva más completa: entiendes al artista, conoces la pista y sabes lo que necesita un club para funcionar. Creo que todos aquellos que se ven en la misma tesitura que yo tratamos de aplicar esa misma experiencia, pero desde otra perspectiva, ayudando a crear el entorno ideal para que la gente pueda divertirse.
Con esa doble perspectiva de DJ y de gestor, ¿cómo cambia la forma en que programas o entiendes lo que necesita un club?
Cambia por completo porque te obliga a bajarte del ego que todos los DJs tenemos para tener una visión más general. Como DJ, quieres poner aquel disco que acabas de comprar en discogs y que nadie tiene; como promotor, sabes que si la barra no factura o no se venden tickets, estás jodido. El club es un ecosistema vivo que necesita sostenibilidad económica, flujo de público, buen ambiente y una experiencia global que va más allá de la cabina y de la música.
Entender ambas realidades te da una visión panorámica. Ya no programas solo para complacer a los puristas, sino para sostener una identidad a largo plazo. Un buen club necesita momentos de vanguardia musical, pero también necesita ser sostenible. Mi trabajo es lograr que el riesgo artístico y la respuesta comercial convivan sin traicionar la esencia de la marca.
En tu bio se habla de selecciones honestas frente a tendencias. ¿Cómo se defiende eso hoy, con la presión de redes sociales y algoritmos sobre lo que "debería" sonar en una sesión?
Se defiende perdiéndole el miedo a no ser el más popular de la semana. Hoy en día, el algoritmo premia la inmediatez, el contenido rápido y los micro-momentos coreografiados en TikTok o Instagram. Si construyes tu carrera solo sobre lo que "debería" sonar según una métrica, te conviertes en un DJ sin identidad perfectamente reemplazable. El puto algoritmo no tiene alma.
La “honestidad musical” se defiende en la pista construyendo tu propio discurso musical sin tener en cuenta la homogeneización de las tendencias que impera en la comunidad clubber. Cuando la gente entra al club, quiere una experiencia real, no un feed de pantalla. Prefiero conectar de verdad con 200 personas a través de un viaje musical propio, que complacer a miles de personas en una red social haciendo el subnormal.
Después de trabajar en medios como Vicious Magazine, Deejay o Under Magazine entre otros ¿cómo ves el periodismo musical actual? ¿Qué se ha perdido y qué se ha ganado?
Hemos ganado una democratización absoluta y una inmediatez brutal; hoy día cualquiera tiene un canal para recomendar música o eventos, y llegar al mundo al instante. El acceso a la información y a la música es ilimitado, lo cual es maravilloso.
Sin embargo, se ha perdido el espacio para la profundidad, la crítica constructiva y la pausa. Antes, los medios impresos ejercían de filtro y daban contexto: una crítica de un disco o una entrevista de fondo te ayudaban a entender el porqué de un movimiento cultural. Hoy, gran parte del periodismo musical se ha convertido en relaciones públicas o en creadores de contenido que buscan el clickbait. Se echa de menos el análisis reposado y la libertad de poder decir que un disco o un festival ha estado mal sin miedo a perder los banners de publicidad o el acceso al artista.
Si tuvieras que quedarte con una sola de todas tus facetas (DJ, promotor, gestor, sello, comunicación) ¿cuál elegirías y por qué?
Difícil porque me siento cómodo en todas, pero si tuviese que elegir solo una sería la de DJ sin lugar a dudas. Porque tengo una adicción a la música muy preocupante. Paso muchas horas escuchando música, descubriendo discos nuevos, explorando viejas joyas, ordenando y limpiando los discos… Es peor que una droga. ¡Y más caro!
