Busqueda Menú
Home Últimas noticias Menú
News

Entrevistamos a Cumhur Jay

El productor afincado en Ibiza ha pasado de perseguir sonidos ajenos a construir un estudio donde la humanidad pesa tanto como el equipo técnico, y donde la comodidad, la libertad y la curiosidad forman parte del proceso creativo.

  • Juanma Molina
  • 9 September 2026
Entrevistamos a Cumhur Jay

Hay productores que pasan por Ibiza buscando un sitio donde encajar, y hay otros que, al no encontrarlo, deciden construirlo ellos mismos. Ese es el caso de Cumhur Jay, DJ y productor afincado en la isla desde hace años, que en el sur levantó Can Jay Recording Studio, un estudio que ha ido ganándose fama entre artistas que buscan algo distinto a una sala de grabación convencional: un espacio con una identidad propia, pensado para quedarse en él más allá de lo estrictamente técnico.

Su llegada a la música electrónica tiene más de accidente que de vocación temprana. Todo empezó con una guitarra que le regalaron sin saber que era sordo; acabó cambiándola en esa misma tienda por una Technics, porque en ese momento no había guitarras adaptadas disponibles. Así arrancó todo, convencido de que en seis meses iba a revolucionar la música electrónica. La música electrónica, cuenta con ironía, no estaba de acuerdo.

Lo que siguió fue una obsesión por entender cómo sonaban los discos que a él le parecían sencillos, hasta descubrir que conseguir que algo suene simple es, probablemente, lo más difícil. Sus primeras producciones, admite, eran "un museo del mal gusto": decenas de plugins abiertos y compresores peleándose entre ellos. La pista de baile, dice, fue su primera y más honesta profesora: "No entiende de excusas ni de expectativas; simplemente conecta... o no conecta". Da igual que la mezcla sea perfecta o que se pinche con vinilo: si funciona, la gente baila; si no, también te lo hacen saber.

Esa misma experiencia en la pista de baile es la que, con los años, le fue empujando hacia su sonido actual. Al principio quería sonar como los grandes; con el tiempo entendió que los grandes llegaron a serlo precisamente porque dejaron de sonar como los demás. Persiguió referencias durante años hasta comprender que la identidad no aparece cuando se encuentra un sonido nuevo, sino cuando se deja de intentar impresionar. Para Cumhur Jay, encontrar una voz propia ha tenido más que ver con desaprender que con aprender: dejar de producir buscando aprobación y empezar a hacerlo desde un lugar más libre. "Cuanto menos intentas convencer a los demás, más reconocible acaba siendo lo que haces", resume.

El punto de inflexión, cuenta, llegó el día que entendió que acumular más herramientas y equipo no te convierte en mejor productor. Hoy cualquiera puede tener el mismo sintetizador, los mismos plugins, los mismos samples y hasta el mismo preset de moda; lo difícil sigue siendo tener una idea propia. A partir de ahí empezó a quitar más de lo que añadía y a producir pensando cada vez menos en satisfacer a otros.

Llegó a la isla por trabajo hace años, para tocar en el que entonces era Privilege y hoy se conoce como [UNVRS]. Al principio hacía lo que hace casi todo el mundo al llegar: consumir Ibiza. Con el tiempo, dice, empezó a intentar entenderla. Antes solo veía los clubs, los openings y el ruido; ahora disfruta mucho más de un martes de invierno en el que no pasa absolutamente nada, algo que en Ibiza, bromea, casi parece un deporte extremo. Para él, la isla tiene una forma curiosa de seleccionar a quien pasa por ella: "Es como un examen: o te aprueba, o te suspende". Quien llega buscando fiesta todos los días normalmente acaba agotado; quien llega con ideas claras, a trabajar y a construir algo, puede quedarse enganchado durante años. Eso sí, admite entre risas, acabas quejándote del tráfico en verano como cualquier otro local.

De esa relación con la isla, y de una necesidad muy concreta, nació Can Jay Recording Studio: quería un sitio donde la música fuera la prioridad y no el cronómetro. Había trabajado antes en estudios donde parecía que se alquilaban minutos en lugar de desarrollar ideas, espacios que, según él, se sentían más como gimnasios que como lugares en los que apetecía quedarse. Can Jay nació como lo contrario: un sitio donde un artista pudiera equivocarse, probar cosas absurdas y encontrar algo inesperado sin sentir que cada minuto le costaba otro plugin, hasta poder quedarse tirado cómodamente en el sofá si hace falta, como en casa.

Lo que echaba en falta en los estudios ya existentes se resume en una palabra: humanidad. Estudios técnicamente perfectos, dice, donde parece que, si te tomas un café dentro, el dueño te está mirando mal. Su idea era otra: un sitio profesional pero relajado, partiendo de la base de que el mejor estudio no es el que tiene mejor material, sino el que consigue que el artista deje de sentirse juzgado y esté cómodo. Curiosamente, apunta, cuando alguien se relaja, casi siempre hace mejor música.

No hay un perfil único de artista que encaje en Can Jay. Le da igual si alguien tiene diez seguidores o diez millones de reproducciones, algo que además cambia con rapidez; lo que busca es curiosidad y ganas reales de hacer buena música. Por el estudio suelen pasar artistas que todavía disfrutan del proceso y entienden que una buena producción necesita tiempo, paciencia y aceptar que el primer intento normalmente es bastante malo. Quien entra preguntando cuánto tarda en hacerse un hit porque quiere subirlo el viernes, o quien piensa más en el reel que en la canción, suele descubrir enseguida que ese no es el estudio que buscaba. Ahí, resume, primero se hace música; el contenido, si sobrevive, ya llegará.

De cara al futuro, a Cumhur Jay le gustaría que Can Jay fuera conocido por lo que ocurre dentro y no por lo bien que queda en Instagram: que la gente vaya porque sabe que ahí puede desarrollar una idea de verdad. Y si además el proyecto sirve para conectar a artistas de distintos países y convertir a Ibiza en un punto creativo durante todo el año, mejor que mejor.

Sobre dónde encuentra la inspiración en un sitio tan magnético y estimulante como Ibiza, tiene claro que no es algo que se encuentre en un lugar concreto, por muy estimulante que sea, sino algo que se cultiva en la vida cotidiana. Se construye viviendo. Una vida demasiado cómoda, encerrada en una burbuja, deja poco que contar; a él le interesa sobre todo conocer a los artistas como personas, porque su obra nace de cómo viven. Una vida plana, por muy buena que sea la técnica de quien la vive, difícilmente emociona. La inspiración, concluye, está en salir, observar, equivocarse, conocer gente y acumular experiencias.

Cargando siguiente articulo
Cargando...
Cargando...