Entrevistamos a Claudia Tejeda
En nuestra edición de febrero, Claudia Tejeda nos comparte su visión sobre la industria actual, la producción y la psicología de pista, ofreciendo un recorrido por su trayectoria.
Claudia Tejeda ha construido su trayectoria desde una relación directa con el club, entendiendo la cabina como un espacio de responsabilidad. Lejos de discursos grandilocuentes, su forma de pinchar se apoya en la disciplina y una idea clara de cómo se construye una sesión con sentido. En esta entrevista repasa sus primeros años, el papel real de la técnica, el aprendizaje que dejan los sets difíciles y su visión sobre una industria que ha cambiado profundamente en la última década.
Cuando piensas en tus primeros años en el club, ¿qué queda hoy de esa etapa en la forma en la que pinchas y tomas decisiones en cabina?
De mis primeros años se me quedó lo más importante: el respeto por la pista. Al principio vas a tocar con ganas, a lo mejor quieres demostrar, pero con el tiempo te das cuenta de que estás ahí para crear un momento. A día de hoy sigo tomando decisiones con esa mentalidad, y llevando la disciplina por bandera para entender cada sala y poder crear, no solo un set, sino una historia musical.
Con el tiempo, la relación con la técnica cambia. ¿En qué momento sentiste que dejabas de pensar en el “cómo” para centrarte en el “por qué” de lo que estabas haciendo?
Creo que el cambio llegó cuando dejé de vivir la técnica como una meta y empecé a verla como una herramienta muy poderosa. Cuando ya no estás pendiente de cada transición, sino que aparece porque es su momento.
Ahí me di cuenta de que un set no es perfecto, que cada set es diferente, pero de lo que sí estoy segura es de que lo que siento en cada uno de ellos es lo mismo.
Soy de las que piensa que no importa con qué trabaje el DJ; si en la pista de baile está funcionando, es que lo está haciendo bien.
Hay sets que te hacen crecer más por lo que no sale bien que por los que funcionan solos. ¿Qué te han enseñado esos momentos menos cómodos?
Los sets difíciles, por llamarlos de alguna manera, me enseñaron a hacerme muy fuerte ante cualquier problema o situación. Recuerdo aún esas sensaciones que me causaban haber tenido una mala noche o alguna situación que no haya sido agradable.
A día de hoy me he hecho fuerte comprendiendo, hace algunos años, que los DJs somos humanos y que, a veces, podemos hacer algo que no esté correcto o no encajar en una sala a la que vayamos a trabajar. Eso sí, no debería pasar porque nuestra obligación es hacer nuestro trabajo bien, pero a veces lo humano puede a lo profesional.
Es obvio que, a la larga, estas situaciones cada vez fueron siendo más escasas, por lo que vi que mi parte profesional se estaba desarrollando con el paso de los años.
Leer una pista no es solo cuestión de intuición. ¿Qué se aprende con las horas que no se puede aprender en casa?
Se aprende una de las partes más importantes: la psicología de pista.
En casa aprendes la técnica y entiendes cómo está catalogada la música, pero en el club aprendes lo más importante: la reacción del cuerpo ante la música. Es importante saber cuándo mantener, cuándo cambiar, cuándo dar un respiro, cuándo es el momento y cuándo no, y a su vez saber que el sonido es el que manda. El mismo tema puede ser una locura o puede ser ruido según la sala, el momento o incluso el equipo de sonido donde sea reproducido.
El paso al estudio suele obligar a replantearlo todo. ¿Qué fue lo más difícil de asumir cuando empezaste a producir y qué cambió a partir de ahí en tu manera de pinchar?
Lo más difícil de asumir fue que la industria musical había cambiado.
Llevo tocando muchos años y cuando yo empecé no había esa imagen de productor que hay ahora. De hecho, en aquel entonces, los DJs no teníamos el interés que existe hoy en saber quién es el productor, ponerle cara, saber de dónde es o incluso pensar en hacer música.
Recuerdo perfectamente cuando llegó el momento: todo el mundo hablaba de cosas como Logic, Ableton, compresores, bounces, “he hecho un track”, etc.
Por aquella época también empezaron los videotutoriales y eso ayudó muchísimo a que la música pasase a otro nivel, pero también está el lado negativo: mucha gente se quedó allí, no pudo avanzar y vi cómo compañeros dejaban su carrera por ello.
Ahí entendí que tenía que aprender, saber qué era ese mundo y lograr hacerlo, y así fue.
En conclusión, no es como hoy en día, que está más que inculcado que hay que ser productor. Yo lo hice por una capacidad de adaptación al cambio tan brutal que se venía.
¿Qué decisiones conscientes has tomado para construir esa identidad, y qué caminos has preferido no recorrer?
He protegido mi identidad con decisiones simples y, a veces, complicadas: seleccionar con criterio a qué eventos ir a trabajar, no publicar por publicar y no dejar que la tendencia influya en mi personalidad.
Por otro lado, he evitado aceptar por encajar, “sonar a” en vez de sonar a mí, o perseguir el momento rápido a costa de construir algo real.
¿En qué tipo de contextos sientes que tu forma de pinchar funciona mejor?
Bajo mi punto de vista, creo que en espacios donde se pueda crear una historia: salas con buen sonido, un público dispuesto a bailar y no solo en el momento del drop, sino durante toda la sesión. Me siento muy cómoda cuando puedo crear tensión, cuando tengo una cabina cómoda y cuando estoy arropada por mi gente junto a mí.
Más allá del DJing y la producción, ¿qué has aprendido del funcionamiento real de la industria y qué tipo de relaciones te interesa construir dentro de ella?
He aprendido que la industria se decide por cómo eres: estar pendiente, cumplir, ser profesional, tener disciplina, respeto, ser clara y mantener una línea. El talento abre las puertas, pero la confianza en el artista las mantiene abiertas.
Desde tu experiencia, ¿qué significa hoy profesionalidad en el club, y cómo se gana el respeto de promotores, agencias y compañeros?
El significado de profesionalidad es cuidar todo lo que hace de ti una auténtica marca: bagaje, preparación, nociones, respeto, humildad, ambición, pasión, compañerismo y saber entender el contexto sin convertirlo en una batalla de egos. También es entender en qué momento te toca trabajar; ese es tu rol. Si te toca abrir, hacer un buen warm-up, y si te toca cerrar, reventar la sala como quisieras que sucediese si tú estuvieras en el público.
