Entrevistamos a Apparat
“Ahora me interesan más las situaciones en las que las cosas pueden fallar”
Sascha Ring, aka Apparat, lleva muchos años haciendo música y, aun así, sigue encontrándose con fricciones, dudas y límites propios. Sonoramente, su trayectoria ha ido desplazándose desde una electrónica más bien estricta hacia un lenguaje cada vez más abierto, donde la fragilidad y la atención minuciosa al detalle sonoro han pasado a ocupar un lugar central.
Entre discos en solitario, el supergrupo Moderat del que es una tercera parte, bandas sonoras y colaboraciones constantes, la sensación externa era la de un artista en pleno control de su oficio. Su trayectoria ha ido desplazándose desde una electrónica austera y funcional hacia un lenguaje cada vez más abierto, donde la fragilidad y la atención minuciosa al detalle sonoro han ocupado un lugar central.
Pero tras la gira mundial de Moderat en 2023, ese equilibrio se rompió. De vuelta a Berlín, a la rutina doméstica y a una nueva etapa vital marcada por la paternidad, la música dejó de avanzar por culpa de una suspensión total del impulso creativo. Durante tres años, componer dejó de ser una posibilidad clara.
A ‘Hum of Maybe’, publicado a finales de febrero, nace de ahí. De aceptar la incertidumbre como punto de partida de todo. El resultado es un disco que habita los estados intermedios: entre lo acústico y lo electrónico, entre el trabajo en solitario y la colaboración, entre el control y la duda, sin plantear resoluciones claras.
Han pasado varios años desde tu último álbum como Apparat. ¿Cuándo te diste cuenta de que estabas entrando en un nuevo ciclo creativo y no solo acumulando ideas?
Durante mucho tiempo solo estuve recopilando fragmentos. Sonidos sin intención, bocetos sin dirección. El cambio llegó cuando ciertas ideas empezaron a atraer a otras. Me di cuenta de que volvía a estados de ánimo y gestos similares en días distintos. Ahí dejó de sentirse como un archivo y empezó a sentirse como movimiento otra vez. Con cada idea fui recuperando confianza y entré en una especie de flow.
¿Qué hábitos o condiciones te permitieron volver a escribir sin bloqueo? ¿Cómo reconoces después cuándo algo es realmente un tema?
Bajar las expectativas fue clave. Una idea al día, por pequeña que fuera. No tenía por qué convertirse en una canción: podía ser una textura, un ritmo, un cambio armónico. La regla era simple: al final del día tenía que existir algo. Sin juicio, sin corregir. Cuando vuelvo más tarde a esos bocetos, escucho si hay resistencia. Si siento que algo sigue dando la sensación de irresuelto o ligeramente incómodo, suele ser señal de que hay algo vivo ahí. Si resulta demasiado fácil, normalmente no merece la pena seguirlo.
¿En qué momento trabajar con un grupo cercano de músicos empieza a cambiar tu forma de tomar decisiones?
Durante los dos primeros meses trabajé solo, con un setup muy limitado y mayoritariamente analógico. Cuando entró Philipp, mi coproductor, el sonido cambió de forma evidente. Al principio fui un poco escéptico, pero tomé una decisión consciente: cuando colaboro, quiero aceptar de verdad lo que la otra persona aporta. En un momento dado pasamos a un estudio más grande e hicimos sesiones con banda. El sonido se transformó mucho en esas etapas, pero las canciones ya estaban, en esencia, desde el principio.
¿Qué tipo de ideas solo surgen cuando estáis físicamente en la misma sala?
El tempo, la fricción, la duda. Pequeñas imperfecciones que no se pueden programar. Alguien que calcula mal una dinámica, o que reacciona un poco tarde. Esos momentos solo existen cuando los cuerpos comparten espacio. Introducen incertidumbre, y esa incertidumbre suele convertirse en la parte más interesante.
¿Qué buscas al combinar interpretación física con manipulación digital?
Sigo interesado en desestabilizar categorías. Cuando los instrumentos acústicos suenan mecánicos, o los elementos electrónicos se sienten frágiles y humanos. El procesamiento ayuda a difuminar esos límites. El objetivo no es el contraste, sino la ambigüedad, que el oyente no pueda clasificar de inmediato lo que está escuchando. Si al final todo convive de forma natural, entonces está bien hecho.
¿Qué significa que ‘An Echo Skips A Name’ esté etiquetado como una toma alternativa sin un original conocido?
Sugiere que no hay una versión definitiva. La canción existe en un estado de variación, como la memoria. Llamarla toma alternativa abre el álbum desde la incertidumbre. Presenta el disco como una perspectiva posible, no como una declaración final.
¿Cómo traduces un material emocionalmente directo a un lenguaje sonoro que evita declaraciones explícitas?
Centrándome en el comportamiento más que en la descripción. Repetición, cambios graduales, elementos que se separan o se desincronizan. La música no necesita explicar las emociones; puede reflejar cómo se mueven. La distancia y la cercanía pueden existir a nivel estructural, sin ser nombradas.
¿Qué necesitaste recuperar al volver a Apparat después de trabajar en otros formatos como Moderat?
La vulnerabilidad. Apparat siempre ha sido el espacio donde me permito menos protección. Volver a él significó aceptar de nuevo la incertidumbre, sin esconderme detrás de una función o un concepto. Eso llevó tiempo.
¿Cómo surgieron las colaboraciones con KÁRYYN y la existencia previa de ‘Pieces, Falling’?
KÁRYYN nos acompañó en gira y hubo una conexión inmediata. Su voz transmite emoción sin exagerarla, y eso encajaba con ‘Tilth’.
‘Pieces, Falling’ existía antes de que el álbum tuviera una forma clara. Más tarde encontró su lugar porque compartía el mismo clima emocional. No necesitó reescribirse, solo recolocarse.
¿Cómo han sido los ensayos del directo en formato banda?
Enfocamos los ensayos como una traducción, no como una reproducción. El objetivo no era la precisión, sino la presencia. Las canciones pueden cambiar, respirar. Ese proceso sigue abierto, y la idea es que lo siga estando. A menudo, los temas suenan bastante distintos al final de la gira.
Mirando atrás a los distintos formatos de directo, ¿qué te permitió hacer musicalmente cada uno? ¿Cuál disfrutaste más?
Cada formato ofrecía un tipo distinto de control. Las actuaciones basadas en software permitían precisión; el formato banda permite fragilidad. No prefiero uno sobre otro: responden a necesidades diferentes. Ahora mismo me interesan más las situaciones en las que las cosas pueden fallar un poco. Y en eso, los humanos son los mejores.
¿Crees que seguirías haciendo música si no la hubieras compartido públicamente tan pronto?
Sí, pero probablemente sonaría algo distinta. Compartir música pronto introdujo diálogo, fricción, responsabilidad. Sin eso, quizá la música habría sido más privada, pero también menos cuestionada. A menudo me digo que sigo una filosofía intransigente, pero cuando trabajas dentro de un sistema con sellos, agentes, promotores y, por supuesto, público, tienes que hacer concesiones.
Si comparas el cierre de ‘LP5’ con el momento actual, ¿qué ha cambiado?
Cuando terminé ‘LP5’, sentí que cerraba un capítulo. A ‘Hum of Maybe’ se parece más a entrar en un proceso abierto. Me interesa menos llegar a un sitio concreto. Esta vez no hay sensación de resolución, y eso me parece adecuado. Por primera vez en mi carrera, puedo ir al estudio y seguir haciendo música. No estoy agotado.
