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Entrevistamos a 30drop

30drop lleva su trabajo al terreno escénico con ‘Insight Into Mind And Space’

  • Borja Comino
  • 28 May 2026
Entrevistamos a 30drop

30drop presenta ‘Insight Into Mind And Space’, un nuevo directo en el que replantea cómo llevar su trabajo al escenario. Desde ahí, el live deja de funcionar como adaptación del estudio y pasa a entenderse como una extensión del propio proceso con una lógica más cercana a lo escénico. El desarrollo del show junto al artista visual Santiago es uno de los ejes centrales del proyecto. Ambos trabajan desde un enfoque compartido en el que sonido e imagen se construyen a la vez.

A lo largo de la conversación, también sitúa este planteamiento dentro de su trayectoria, aborda la convivencia con su alias de club Blast Shadow, planteado como un espacio separado para trabajar la pista, y reflexiona sobre el contexto actual del techno. En ese recorrido aparecen referencias como Jeff Mills y Axis Records, así como el papel de 30D, el sello que desarrolla junto a Ángel Molina.

‘Insight Into Mind And Space’ marca un momento nuevo dentro de tu trayectoria. ¿Qué dirías que define esta etapa frente a trabajos anteriores?

Creo que esta etapa se define por una idea muy clara: dejar de pensar la música como producto y volver a pensarla como experiencia. En mis trabajos anteriores ya había una voluntad de construir universos, pero en ‘Insight Into Mind And Space’ esa intención se vuelve total. Ya no se trata solo de componer tracks o de diseñar una narrativa sonora, sino de crear un espacio mental, casi un umbral, en el que imagen, sonido, tiempo y percepción trabajan juntos.

Siento que con este proyecto 30drop entra en una fase más madura y más radical. Más madura porque está menos interesada en responder a expectativas externas, y más radical porque se permite ir hacia lugares menos funcionales y más profundos. Me interesa menos hacer música para acompañar un contexto y más crear contextos a través de la música.

Si antes había una exploración del lenguaje, ahora hay una exploración de la conciencia. Y eso cambia todo: la forma de componer, la forma de tocar y también la forma de presentarme como artista.

El proyecto parte del universo que ya venías desarrollando en discos como ‘Soroban’ y ‘Photosynthetic Zone Manifesto’. ¿Cómo has trasladado ese imaginario al formato en directo?

Lo he trasladado entendiendo el directo no como una reproducción del disco, sino como una expansión física de ese imaginario. En ‘Soroban’ y en ‘Photosynthetic Zone Manifesto’ ya había una búsqueda muy marcada de atmósferas, de arquitectura emocional y de una cierta ciencia ficción interior. Lo que he hecho en Insight Into Mind And Space es llevar todo eso a un lenguaje escénico.

El reto era convertir una gramática sonora en una experiencia viva. Eso implicaba pensar cómo respira una textura en una sala, cómo se transforma un motivo armónico cuando dialoga con la imagen, o cómo una secuencia puede tener una dimensión casi cinematográfica cuando está integrada en una narrativa visual.

No quería “llevar los discos al escenario”; quería que el escenario se convirtiera en el lugar natural de ese universo. El directo ya no es una adaptación del estudio: es el siguiente estado de la obra.

En este live, música y visuales funcionan como una única narrativa escénica. ¿En qué momento viste claro que este proyecto tenía que tomar esa forma?

Lo vi claro cuando entendí que la música sola ya no bastaba para contener todo lo que quería expresar. Había conceptos, tensiones y estados perceptivos que necesitaban una dimensión visual para completarse. No como acompañamiento ni como decoración, sino como una capa estructural del propio lenguaje.

Vivimos en una época saturada de estímulos, pero paradójicamente muy pobre en experiencias verdaderamente inmersivas. Muchas veces lo visual en la música electrónica queda reducido a un fondo, a una estética, a un adorno. Yo quería lo contrario: que sonido e imagen se necesitaran mutuamente. Que una frecuencia pudiera tener su eco en una forma, y que una imagen pudiera abrir una lectura nueva de lo sonoro.

‘Insight Into Mind And Space’ nace cuando dejo de pensar en un live y empiezo a pensar en una obra escénica total. Ahí fue cuando entendí que el proyecto necesitaba esa forma.

¿Cómo ha sido el proceso de trabajo con Santiago? ¿De qué manera se ha construido ese diálogo entre sonido e imagen?

Ha sido un proceso de escucha mutua, muy orgánico pero también muy preciso. Desde el principio entendimos que esto no consistía en poner imágenes sobre música, sino en construir un lenguaje compartido. Con Santiago ha habido un diálogo muy fértil porque los dos partimos de una sensibilidad similar: entender que lo abstracto también puede ser emocional y que la tecnología puede ser una herramienta poética.

El trabajo se ha ido construyendo a partir de correspondencias: densidades, tensiones, vacíos, pulsos, respiraciones. A veces una pieza sonora pedía una respuesta visual concreta; otras veces una idea visual abría una dirección musical nueva. No ha sido una relación jerárquica, sino una conversación real.

Eso me parece muy importante, porque hoy muchas colaboraciones se hacen de forma casi funcional. Aquí no. Aquí lo esencial era generar un tercer lenguaje que no fuera ni solo mío ni solo suyo. Cuando la colaboración funciona de verdad, aparece un territorio nuevo que ninguno de los dos podría haber alcanzado por separado.

Más allá de lo musical, da la sensación de que ‘Insight Into Mind And Space’ está pensado como una experiencia también sensorial y conceptual. ¿Qué querías provocar o activar en el público con este formato?

Quería activar una forma de atención distinta. Hoy todo empuja hacia la distracción, hacia la fragmentación, hacia el consumo rápido. Este proyecto va en la dirección opuesta: invita a entrar, a permanecer, a percibir de otra manera. No busca solo entretener, sino abrir un espacio de introspección, de extrañamiento y también de expansión.

Me interesa que el público sienta que está atravesando algo, no simplemente asistiendo a algo. Que durante un tiempo salga de la lógica cotidiana y entre en una percepción más lenta, más profunda, más abierta. La música puede seguir siendo un instrumento para alterar la conciencia sin necesidad de caer en la nostalgia ni en el cliché futurista.

Si el proyecto provoca algo, me gustaría que fuera eso: una sensación de desplazamiento interior. Como si durante un momento la mente pudiera observarse desde otro lugar.

Presentar este proyecto en Sónar le da un contexto especialmente potente. ¿Qué significa para ti mostrar esta nueva dirección artística en un marco así?

Tiene un valor muy simbólico y también muy emocional. Y agradezco mucho la confianza de todo el equipo del festival en mi proyecto, especialmente a Christian quién desde el inicio apostó por ello. Sónar es un festival que históricamente ha sabido abrir espacios para propuestas que entienden la electrónica más allá de lo funcional o lo estrictamente club. Presentar ahí esta nueva dirección significa situarla en un contexto donde ese tipo de riesgo puede ser entendido y compartido.

Para mí también tiene algo de declaración de intenciones. Es decir: este es el lugar desde el que quiero hablar ahora. Un lugar donde la música electrónica no está obligada a responder a fórmulas, donde puede seguir siendo investigación, lenguaje y visión.

Además, presentar la premiere en un marco así refuerza la idea de que 30drop está entrando en un territorio nuevo, más cercano a lo performativo, a lo audiovisual y a lo cultural en un sentido amplio. No es un cambio de formato: es un cambio de paradigma.

En tu trayectoria hay una conexión clara con Jeff Mills y Axis Records. ¿Qué ha supuesto esa relación en tu evolución artística y en la manera de entender tu trabajo?

Ha supuesto una confirmación muy importante de ciertos valores que para mí siempre han sido esenciales: rigor, identidad, visión y compromiso con una idea propia del futurismo. Jeff Mills representa una manera de entender la música electrónica como pensamiento, como arquitectura del tiempo y como proyección hacia lo desconocido. Esa visión ha sido muy influyente para mí.

La relación con Axis no la vivo solo en términos de validación externa, sino como un diálogo con una tradición muy concreta de la electrónica: una tradición en la que la innovación no se plantea como un gesto de marketing, sino como una necesidad artística real. Eso me ha reafirmado en la idea de que hay que proteger una voz propia incluso cuando el contexto empuja hacia la simplificación.

La verdadera herencia de Axis no es un sonido, sino una ética del futuro. Y esa ética sigue siendo muy necesaria hoy.

Paralelamente, estás desarrollando Blast Shadow, una vía más enfocada al techno de club. ¿Qué te llevó a abrir ese alias y qué espacio ocupa ahora mismo frente a 30drop?

Blast Shadow nace de una necesidad de separación. Sentí que 30drop estaba yendo cada vez más hacia un territorio narrativo, conceptual, audiovisual y menos ligado a la lógica del club. Y al mismo tiempo seguía teniendo interés en trabajar una energía más física, más directa, más enfocada a la pista. En lugar de forzar ambas cosas dentro del mismo marco, preferí abrir dos canales distintos.

Pero Blast Shadow también nace como una reacción crítica al momento actual de la escena. Creo sinceramente que el techno atraviesa una crisis de sentido. La comercialización extrema, la estetización superficial y el fenómeno de los llamados “Instagram DJs” han desplazado el foco de la música hacia la imagen, hacia el branding y hacia la inmediatez. Se ha confundido visibilidad con profundidad.

Por eso necesitaba proteger 30drop de esa deriva. Alejarlo de la escena techno actual no es una renuncia al techno; es una forma de preservar una libertad artística. Blast Shadow ocupa ese espacio más de club, pero también me permite entrar ahí con una conciencia muy clara de lo que quiero hacer y de lo que no quiero representar.

Por el momento he podido presentar al Blast Shadow en formato DJ en clubs como Moog en Barcelona y a finales de mayo, en el club Potent de Shanghai en. Así que encantado de poder dar salida a mi lado más oscuro, underground y techno en todo el mundo.

¿Cómo conviven hoy esas dos líneas dentro de tu trabajo: la más experimental y narrativa de 30drop y la más orientada al club de Blast Shadow?

Conviven como dos extensiones distintas de una misma visión. No las siento como proyectos opuestos, sino como dos formas de canalizar energías diferentes. 30drop es el espacio donde puedo trabajar con más profundidad narrativa, con más ambición conceptual y con una temporalidad más expandida. Blast Shadow, en cambio, me permite trabajar la tensión, el impacto físico y una relación más directa con el cuerpo y con la pista.

La diferencia está sobre todo en la función y en el contexto, no en la honestidad artística. En ambos casos intento escapar de lo previsible y mantener una identidad propia. Pero necesitaba dos marcos distintos para que cada lenguaje pudiera respirar de verdad.

De hecho, esa dualidad me parece muy sana. Un artista no tiene por qué caber entero dentro de una sola etiqueta ni de una sola economía de atención. Hoy más que nunca me interesa construir ecosistemas creativos, no marcas cerradas.

También estás al frente de 30D. ¿En qué momento se encuentra ahora el sello y qué planes tienes para él en esta nueva etapa?

30D está en un momento de consolidación y reconocimiento. Los 12 años de trabajo duro y constante tanto mío como de Angel Molina, mi amigo y compañero de batalla en 30D; han dado su fruto como no podía ser de otra forma. Siempre he creído en el trabajo constante y decidido.

Para mí siempre ha sido más que un sello: ha sido una plataforma de identidad y de curaduría; y creo que para Ángel también. 30D se separa de los muchos sellos que están creados y funcionan como herramienta de marketing de un DJ o Productor, otro mal endémico de los tiempos que vivimos, y se inspira más por el concepto y funcionamiento de sellos creados por el amor a la música como pueden ser Mute, R&S, Tresor y muchos otros.

Compartimos una misma visión de lo que un sello discográfico debe ser. Un lugar desde el que defender una manera de entender la electrónica que no dependa de modas rápidas ni de inercias de mercado.

Queremos que 30D siga siendo un espacio selectivo, con una línea precisa y exigente. Nos interesa que el sello acompañe esta evolución hacia propuestas con más identidad, más riesgo y más visión. No tenemos interés en convertirlo en una maquinaria de contenido; preferimos que cada referencia tenga un peso real y sea perdurable.

También es interesante que 30D pueda dialogar con otros formatos y no solo con el lanzamiento musical tradicional. El futuro de un sello no está solo en editar discos, sino en construir marcos culturales alrededor de una sensibilidad y en la híper personalización de la experiencia de usuario.

Después de esta presentación, ¿te gustaría seguir desarrollando ‘Insight Into Mind And Space’ como formato en directo en otros contextos?

Sí, absolutamente. De hecho, la idea es que este proyecto no sea un gesto aislado, sino el comienzo de una línea de trabajo. Me interesa mucho seguir desarrollándolo en contextos donde pueda desplegarse con todo su potencial: festivales, centros de arte, espacios culturales, entornos audiovisuales o formatos híbridos donde el público esté dispuesto a vivir la experiencia de otra manera.

Creo que hay una necesidad real de abrir más espacios para una electrónica que no esté pensada únicamente desde la lógica del club. Y Insight Into Mind And Space quiere habitar precisamente ese territorio. Me interesa hacerlo crecer, refinarlo y llevarlo a otros lugares donde el diálogo entre música, imagen y concepto pueda seguir evolucionando.

Mirando un poco más allá de Sónar, ¿en qué estás trabajando ahora mismo y qué próximos proyectos te apetece empezar a mostrar?

Ahora mismo estoy trabajando en varios frentes que, de alguna manera, amplían esta nueva etapa. Por un lado, estoy preparando un nuevo álbum que conceptualmente estará muy centrado en el trabajo de los armónicos en la música. Me interesa explorar cómo los armónicos pueden convertirse no solo en material técnico o acústico, sino en una herramienta expresiva, emocional y casi arquitectónica. Es un proyecto muy enfocado en la resonancia, en la percepción y en la idea de que el sonido tiene capas invisibles que también construyen sentido.

Por otro lado, estoy empezando a desarrollar instalaciones de arte multimedia, que es un terreno que me interesa cada vez más. Me atrae la posibilidad de sacar la música del tiempo lineal del concierto y llevarla a espacios donde pueda convertirse en ambiente, estructura, materia y diálogo con lo visual y lo espacial.

En ese sentido, siento que 30drop está entrando en una fase más abierta y más ambiciosa. Ya no pienso solo en discos o directos; pienso en sistemas de experiencia. Eso es lo que más me interesa ahora: construir obras que puedan habitar distintos formatos sin perder identidad.

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