Crisis en Wasserman: artistas abandonan la agencia tras los nuevos documentos del caso Epstein
La publicación de correos vinculados a Casey Wasserman provoca una salida en cadena de músicos y deportistas y reabre el debate sobre responsabilidad reputacional en la industria
La agencia de talentos Wasserman atraviesa una de las mayores crisis de su historia tras la desclasificación de nuevos documentos del Departamento de Justicia de Estados Unidos relacionados con el caso Jeffrey Epstein. Los archivos incluyen correos electrónicos intercambiados en 2003 entre el CEO de la compañía, Casey Wasserman, y Ghislaine Maxwell, figura clave en la red de abusos del magnate.
Desde la publicación de estos documentos, la agencia ha visto cómo numerosos artistas y deportistas han decidido romper públicamente su relación con la empresa o han exigido la salida de Wasserman de la dirección. Entre las primeras en hacerlo se encuentra la cantante y ganadora de un Grammy Chappell Roan, que anunció su marcha a través de redes sociales alegando la necesidad de mantener “los más altos estándares éticos” dentro de su equipo profesional.
A su decisión se han sumado otros nombres de la escena alternativa e independiente como Sylvan Esso, Water From Your Eyes, Weyes Blood u Orville Peck, mientras que Bethany Cosentino reclamó de forma explícita que su nombre fuese retirado de la web de la agencia. En el ámbito deportivo, la exfutbolista Abby Wambach también anunció su salida, pidiendo directamente la dimisión de Wasserman.
Los documentos desclasificados no acusan a Casey Wasserman de ningún delito. El propio ejecutivo ha reiterado que nunca mantuvo una relación personal ni profesional con Epstein y que su contacto se limitó a un viaje humanitario en 2002 y a un intercambio de correos con Maxwell “mucho antes de que sus crímenes salieran a la luz”. Aun así, el impacto reputacional ha sido inmediato y profundo.
La presión de clientes, inversores y figuras públicas ha llevado al propio Wasserman a reconocer internamente que se ha convertido en “una distracción” para la compañía y a iniciar el proceso de venta de la agencia, que representa a miles de artistas y deportistas a nivel global. Mientras tanto, la gestión diaria ha pasado a manos del presidente Mike Watts, en un intento de contener la fuga de talento y estabilizar la empresa.
En paralelo, Wasserman ha mantenido su cargo como presidente del comité organizador de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, después de que la junta directiva de LA28 concluyera que su relación con Epstein y Maxwell no iba más allá de lo ya documentado públicamente. Una decisión que ha generado críticas y ha subrayado el contraste entre la reacción del mercado cultural y la respuesta institucional.
Más allá del caso concreto, la situación de Wasserman evidencia un cambio de paradigma en la industria musical y del entretenimiento. La salida coordinada de artistas refleja hasta qué punto el riesgo reputacional se ha convertido en un factor determinante en la relación entre creadores y grandes estructuras corporativas. En un contexto marcado por la exigencia de transparencia y responsabilidad ética, la tolerancia a vínculos controvertidos, aunque sean antiguos y no constituyan delito, parece haberse reducido de forma drástica.
La incógnita ahora es si la venta de la agencia será suficiente para frenar la sangría de representados o si este episodio marcará un punto de no retorno para una de las firmas más influyentes del negocio del talento durante las últimas dos décadas.
