Basement prohíbe asistir con gafas inteligentes a su club
El club refuerza su política de privacidad ante el auge de los dispositivos con cámara.
La privacidad en la pista de baile vuelve a estar sobre la mesa. El club neoyorquino Basement ha anunciado la prohibición de las gafas inteligentes dentro de sus instalaciones, ampliando así una política que ya restringe el uso de teléfonos, fotografías y grabaciones de vídeo durante las sesiones.
La nueva normativa va un paso más allá de las habituales restricciones aplicadas a los teléfonos móviles. En el caso de las gafas inteligentes, Basement prohíbe tanto su uso como el simple acceso al club con ellas. Esto significa que los asistentes deberán dejarlas fuera del recinto, incluso si las llevan apagadas y guardadas en un bolso o mochila.
El incumplimiento de esta norma puede suponer la expulsión inmediata del club, según la nueva política anunciada por el espacio neoyorquino.
La decisión responde a una cuestión de privacidad. Las gafas inteligentes incorporan cámaras y otras funciones que permiten registrar imágenes de manera mucho menos evidente que un teléfono móvil. Su diseño hace que, para el resto de personas presentes en la pista, no siempre resulte fácil saber cuándo alguien está grabando.
Esta posibilidad entra en conflicto con la filosofía que Basement ha mantenido alrededor de su pista de baile, concebida como un espacio de libertad, anonimato y desconexión del entorno digital. El club cuenta desde hace años con una política especialmente restrictiva respecto a las fotografías y los vídeos durante sus sesiones.
La llegada de las gafas inteligentes añade ahora una nueva dificultad. Mientras que un teléfono levantado en medio de la pista resulta relativamente fácil de identificar, una cámara integrada en unas gafas puede pasar desapercibida y registrar imágenes sin que las personas que aparecen en ellas sean conscientes de ello.
La medida de Basement se enmarca así en una cuestión cada vez más presente en la cultura de club: cómo proteger la intimidad de los asistentes en un momento en el que las tecnologías de grabación son cada vez más pequeñas, discretas y fáciles de integrar en objetos cotidianos.
Para el club neoyorquino, la respuesta pasa por establecer un límite claro y mantener la pista de baile como un espacio libre de cámaras y exposición digital.
