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Alternative Forest 2026: Hablamos con los organizadores del festival boutique

El encuentro se realizará el 3 y 4 de Julio en Mendaro (País Vasco) con Nicolas Lutz, Ivan Smagghe, S.O.N.S, Javier Carballo y más.

  • Fede Cortina
  • 4 March 2026
Alternative Forest 2026: Hablamos con los organizadores del festival boutique

Alternative Division es un proyecto que nació entre colegas, en un pequeño estudio de Elgoibar, pinchando y compartiendo música durante noches infinitas. De esa misma impronta surge lo que hoy es el proyecto en el País Vasco: autogestionado, construido desde cero y con una idea muy clara desde el principio. Aquí nadie estaba pensando en cómo crear una “marca”, sino en cómo crear y hacer crecer una comunidad unida por una misma afinidad: la música de calidad, compartir y bailar.

Con el tiempo, esa energía salió del estudio y empezó a tomar forma fuera. Primero como eventos, después como un club propio (levantado paso a paso, con todo lo que eso implica) y ahora también como Alternative Forest, su versión al aire libre: un fin de semana en plena naturaleza donde la música es la protagonista.

Más que un colectivo, Alternative Division es una forma de ver la vida. Una manera de hacer las cosas donde importa la coherencia, la comunidad y la libertad de explorar sin concesiones. Hablamos con ellos sobre cómo se sostiene un proyecto independiente, qué significa construir cultura desde el norte y por qué, a veces, todo empieza simplemente quedándose un rato más en cabina.

Para quienes todavía no os tienen en el radar, ¿qué es realmente Alternative Division más allá de un colectivo o una marca, y qué necesidad personal o cultural os llevó a crearlo?

Alternative Division es, ante todo, una manera de ver la música. Una perspectiva desde un lugar en el que no importa quién seas o de dónde vengas, sino lo que haces y cómo lo haces. Es un espacio donde impera la pasión por lo que más nos gusta y que conecta varias generaciones a través del sonido.

La idea surgió en un pequeño estudio de grabación en Elgoibar, donde nos juntábamos para jam sessions, escuchar música y pinchar durante horas, inicialmente sin más pretensión que esa. Empezamos a rodar de puertas para afuera después de la era COVID, cuando sentimos la necesidad de crear un espacio que aportara frescor al panorama: una propuesta disruptiva, libre de etiquetas. Fue entonces cuando comenzamos a programar eventos… y así hasta el día de hoy (y lo que queda por venir).

Gestionáis un club en el País Vasco, un territorio con identidad propia dentro de la escena. ¿Cómo es el día a día allí y qué os ha enseñado esa experiencia sobre el público, el sonido y la construcción de comunidad?

Tenemos la suerte de disponer de un espacio propio y llevarlo adelante de manera autogestionada. Curar un club desde cero es una carrera de fondo; te mentiría si dijera que es coser y cantar o que todo son risas. Pero poder crear algo a tu gusto, sin limitaciones artísticas, y que de ahí nazca una comunidad, lazos y conexiones a través de la música, no tiene precio. Hace que todo merezca la pena.

Nos ha enseñado a ser pacientes y perseverantes, a seguir pase lo que pase para que la música no pare, siempre con mentalidad de mejora constante. En el norte tenemos la suerte de contar con una escena muy rica y sentirnos apoyados por ella, de recibir consejos de gente apasionada con mayor recorrido y de hacer piña con otros colectivos a los que hoy podemos llamar familia.

¿Podéis contarnos más acerca de Alternative Forest? ¿Qué es y cómo lo estáis gestionando?

Alternative Forest es la prolongación de nuestro proyecto en un entorno natural y al aire libre. Nos permite explorar el sonido desde otra perspectiva y abarcar una mayor amplitud dentro de su espectro, siempre manteniendo nuestra visión musical.

Somos fans de las sesiones largas y de bailar en libertad. A grandes rasgos, Forest es nuestra excusa para hacerlo durante todo un fin de semana en un spot diferente. Nosotros ponemos la música, la naturaleza pone el espacio y el público fluye.

¿Qué significa para vosotros mantener una visión artística coherente entre club y festival?

Nuestra visión artística no varía. Musicalmente, y hablando metafóricamente, se puede mezclar el agua con el aceite. Nos gusta contar con artistas versátiles, gente que comunique a través de la música y tenga la habilidad de hilar un set adaptándose al público, la hora, la atmósfera y lo que le evoque el lugar donde está tocando.

Organizar un festival de dos días para un público reducido suena romántico… y también complejo. ¿Cuáles han sido los mayores retos logísticos y emocionales detrás del proceso?

El mayor reto logístico el año pasado fue ofrecer un buen servicio de acceso al recinto mediante lanzadera. Al estar en plena naturaleza y para evitar riesgos, decidimos que fuera la única forma de acceder. Funcionó de maravilla y este año repetimos estrategia.

Otro punto clave es mantener la cercanía y resolver las dudas de los asistentes. No es un spot especialmente accesible y llegar tiene su “truco”, así que intentamos aportar la información de la forma más clara posible.

En lo emocional, procurar que todo sea lo más armónico posible… y aguantarnos las ganas de que llegue el día, claro.

A nivel institucional, ¿sentís apoyo real hacia iniciativas culturales independientes o sigue siendo una carrera de resistencia?

Con experiencias como esta y con la facilidad que, al menos en nuestro caso, nos están dando las instituciones, me atrevo a decir que la desestigmatización de la electrónica y su reconocimiento como cultura están cada vez más cerca. Solo puedo animar a la gente a luchar por lo que quiere y a presentar sus propuestas.

El line up transmite una narrativa muy concreta. ¿Cómo fue el proceso de curaduría y qué historia queréis que viva alguien que escuche el festival de principio a fin?

Seguimos nuestro proceso habitual: buscar artistas que conecten con nuestra visión musical y ordenarlos por horas para crear un paisaje sonoro coherente de principio a fin. Queremos que todos podamos viajar y bailar dentro de ese discurso.

Hemos decidido contar con un número reducido de artistas para que cada uno tenga tiempo de sobra para explayarse y aportar su visión de la manera más amplia posible en esta segunda edición.

Más allá de los nombres, ¿qué tipo de energía buscáis generar entre artistas y público dentro del bosque?

La misma que conseguimos el año pasado y que nos caracteriza: comunidad, cercanía y unión. Cuando las cosas están curadas por un grupo de amigos y el eje conductor es la pasión, eso se transmite en cualquier ámbito.

Para quien aún está dudando si venir, ¿qué experiencia creéis que no va a encontrar en ningún otro festival este verano?

Una experiencia made in Basque Country.

Y ya para cerrar: cuando alguien abandone Alternative Forest, ¿qué sensación os gustaría que se llevara consigo?

La sensación de haberse sentido como en casa, de haber disfrutado de nuestra visión musical y de la libertad que ofrece. Y, por último y lo más importante… que pregunte dónde está el after.

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