Cercle no ha cambiado tanto de forma como de escala en los últimos diez años. Lo que empezó como un experimento doméstico con una cámara, un set y una idea clara sobre cómo filmar música electrónica, hoy se despliega en enclaves que rara vez se asocian a este tipo de prácticas: Petra, el Mont-Saint-Michel o las pirámides de Giza. A eso se suma una curaduría de artistas condicionada por el lugar y una audiencia que, en términos físicos, sigue siendo limitada frente a un alcance digital que ya supera los mil millones de visualizaciones.
En esta conversación con Derek Barbolla, fundador de Cercle, se ordena ese proceso con bastante precisión. Desde los primeros pasos, como cuando un formulario enviado a la Torre Eiffel desencadenó una cadena de oportunidades, hasta la lógica actual del proyecto, donde cada show se construye a partir de la combinación entre artista y localización.
Cercle comenzó en 2016 con streams relativamente simples. Hoy producen actuaciones en lugares como Petra o el Mont-Saint-Michel. ¿Cuál fue el punto de inflexión que transformó un proyecto de streaming en una producción mundial de esta magnitud?
El primer Cercle Show se grabó en mi apartamento, pero muy rápido tuve ganas de sacar el concepto de mi casa y llevarlo a lugares más atípicos. Empezamos grabando en una sandwichería en un sótano, luego en una barcaza sobre el Sena.
Y un día, sin pensarlo demasiado, rellené el formulario de contacto de la Torre Eiffel para preguntar si podíamos ir a grabar un Show allí. Aceptaron. Tres semanas después, estábamos en la azotea del Jules Verne. Ahí fue cuando todo se aceleró: el vídeo funcionó extremadamente bien y, desde el día siguiente, empezamos a recibir llamadas de todas partes. Fue realmente en ese momento cuando se produjo el cambio. Después, durante dos años, produjimos y emitimos un programa por semana. El proyecto creció muy rápido, se estructuró y luego se internacionalizó progresivamente.
Gran parte de la identidad de Cercle está vinculada a sitios patrimoniales o a paisajes muy específicos. ¿Cómo encuentran esos lugares y qué criterios determinan que un sitio sea “adecuado” para un show de Cercle?
Un lugar “Cercle Show” es un lugar patrimonial, natural o cultural, icónico y excepcional. Pero ese no es el único criterio: sobre todo, hace falta que podamos proyectar una verdadera coherencia con un artista. Sabemos que hemos encontrado el lugar adecuado cuando se crea una forma de evidencia, la combinación perfecta entre ambos.
Para encontrar esos lugares, primero hay algo muy personal: me apasionan los viajes y los sitios únicos, así que paso mucho tiempo descubriéndolos y buscándolos en internet o en las redes sociales.
Y luego, con el tiempo, esta búsqueda se volvió más colectiva. Nuestra comunidad nos envía muchas ideas, el equipo también, mis allegados, e incluso a veces algunos lugares se ponen en contacto con nosotros directamente.
Muchos de esos lugares están sujetos a restricciones muy estrictas. En la práctica, ¿cómo es el proceso para obtener autorizaciones en sitios históricos o protegidos?
De media, se necesita alrededor de un año para obtener las autorizaciones. A veces mucho menos, a veces hasta cuatro años, y también ocurre que nunca las conseguimos, incluso después de años de intercambios. Forma parte del oficio.
Es un trabajo de paciencia, negociación y relaciones humanas. Siempre nos apoyamos en socios locales, que conocen perfectamente el lugar, a los interlocutores y las limitaciones sobre el terreno. En este tipo de proyectos, estar bien rodeado es esencial.
Una vez obtenidas las autorizaciones, nuestra prioridad absoluta es el respeto por el sitio. Toda nuestra producción está pensada para poner el lugar en valor, sin impactarlo nunca de manera negativa.
En entornos muy frágiles, como Petra, no se difunde ningún sonido en el lugar: todo pasa únicamente por la consola y los in-ears del artista, para preservar completamente el entorno.
Todos los shows de Cercle rodados en la naturaleza se filman sin público. Es un principio que siempre he defendido, por razones ecológicas y para evitar cualquier molestia, especialmente para la fauna local.
La logística detrás de un show de esta magnitud debe de ser enorme: transporte, condiciones meteorológicas, sonido, captación audiovisual… ¿Cuál ha sido el desafío técnico u operativo más complejo que han tenido que resolver?
El mayor desafío suele ser el directo en vivo. En esos lugares, la técnica rara vez es simple, sobre todo cuando se trata de la conexión. Son sitios extraordinarios para la imagen, pero no están pensados en absoluto para una retransmisión en directo.
Recuerdo muy bien nuestro Cercle Show en Giza con Sébastien Léger. Durante todo el día, todas las pruebas habían funcionado perfectamente. Y luego, justo en el momento preciso en que estamos a punto de lanzar el directo, de repente nada: se corta la conexión. Pánico: el artista está listo, todo el equipo está en su sitio y, sobre todo, el inicio del directo está sincronizado con la puesta de sol para conseguir el resultado visual adecuado, y el sol no espera.
Al cabo de unos diez minutos, la conexión terminó volviendo y el resto salió de maravilla. Pero ese es el tipo de imprevisto de último minuto que no olvidaré jamás, ¡jaja!
El vídeo es casi tan importante como la música en los sets de Cercle. ¿Cómo trabajan la dimensión audiovisual para que la actuación y el lugar se integren en una narrativa visual coherente?
Cercle también nació del deseo de aportar una verdadera dimensión visual a la música electrónica. En aquella época, ese aspecto estaba muy desarrollado en el pop o el rap, pero mucho menos en la electrónica, a pesar de que es una música que se presta totalmente a ello.
En nuestros eventos, todo está pensado en relación con el vídeo. Colocamos el escenario donde los planos serán más bellos en imagen, pensamos en función del ángulo de la puesta de sol, en la ubicación del público, en la manera de hacer las infraestructuras lo más invisibles posible. La idea es crear una verdadera armonía visual entre el artista, el lugar y el público.
A lo largo de los años, han trabajado con artistas muy distintos dentro de la escena electrónica. ¿Qué buscan en un artista para un show de Cercle?
Con Cercle Records, hacemos un verdadero trabajo de curaduría y A&R, así que hay muchos artistas de la escena a los que seguimos desde hace tiempo y a los que queremos invitar.
Luego, nuestra forma de construir los shows también influye mucho. Como casi siempre partimos del lugar y solo invitamos al artista una vez que el lugar está confirmado, algunos nombres se imponen de forma muy natural según el sitio que tenemos entre manos.
De hecho, los propios artistas conceden muchísima importancia al lugar. Algunos han rechazado decenas antes de aceptar uno que realmente correspondiera a su universo. Eso también es lo que permite crear un show justo.
Los eventos suelen acoger a un público reducido en comparación con la audiencia online. ¿Cómo deciden quién puede asistir físicamente a esos shows?
No lo decidimos nosotros. El primero que llega, entra.
Antes de la apertura de la venta de entradas, avisamos a nuestra comunidad a través de nuestras redes sociales y nuestra newsletter, con la posibilidad de preinscribirse para ser informado con prioridad. El día señalado, esas personas reciben el enlace de acceso a la venta de entradas y, después, quienes son más rápidos consiguen las plazas.
Cercle ha superado recientemente los mil millones de visualizaciones en YouTube. ¿En qué momento comprendieron que el proyecto estaba adquiriendo una dimensión mundial?
Creo que lo entendimos sobre todo a través de los comentarios bajo nuestros vídeos de YouTube: ver a personas de los cuatro rincones del mundo decirnos que veían Cercle y enviarnos tantos mensajes de cariño, casi desde el inicio del proyecto, era una locura.
Después de diez años transformando lugares icónicos en escenarios musicales, ¿qué dirección les gustaría explorar en la próxima etapa de Cercle?
Tenemos muchos proyectos de los que todavía no puedo hablar.
Recuerdo una pregunta que me hizo una estudiante en ADE en 2018, y que realmente me marcó: me preguntó si nos interesaría transformar lugares con una estética más bien “poco seductora” en algo bello o estéticamente interesante. Y creo que probablemente nos interesaremos por eso en el futuro…Una búsqueda artística en torno a la idea de revelar la belleza oculta de un lugar.
